El valor de una buena chapuza

Está muy bien el consejo de dar lo mejor de ti mismo en cada cosa que haces. Al lado de éste, podemos dejar caer la propuesta (no tan elevada e inspiradora) de no esmerarte tanto en según qué tareas.

¿Te atreves con ella?

¿Eres capaz de hacer chapuzas ocasionales sin sentirte culpable?

(Antes de seguir, nos estamos refiriendo con “chapuza” a la tarea que dejas acabada sin entretenerte en pulir detalles.)

perfeccionismo malo

Si has respondido que SÍ a las preguntas, enhorabuena.

Eso es que no eres una presa del monstruo del perfeccionismo. ¿Monstruo? Eso mismamente. El perfeccionismo aniquila la productividad y la salud misma.

Y, como ya hemos hablado de eso, ahora resaltaremos el valor de la chapuza.

Si hablamos de tareas serias (de alto valor para ti) lo recomendable es que pongas cuidado en su ejecución y que revises el resultado final.

Pero, cuando lo que tienes delante es una tarea trivial (de ésas que has de hacer, aunque te aporten muy poco), no descartes acudir a la chapuza.

¿Recuerdas el capítulo de Los Simpsons, cuando llega una institutriz y les enseña a los niños el arte de hacer las cosas “medio bien”? Sí, “es la chapuza total”. (Todavía escucho la canción en mi cabeza.)

Ahora viene lo difícil: ¿Qué tareas son triviales o de bajo valor para ti? ¿Cuáles puedes hacer “medio bien” y quedarte tan ancho?

Te pongo tres ejemplos de las mías, para que te hagas una idea:

  • Algunos e-mails: Los e-mails poco importantes los respondo brevemente y sin fijarme en detalles como: ¿Me habré dejado alguna tilde sin poner? Lo hago así para contestar a la mayor brevedad y porque al receptor lo que le importa es que le dé el dato que necesita. Nada más.
  • Aparcar el coche: Por alguna razón que desconozco, he encontrado a personas que compensan su poca destreza aparcando con unos cuantos minutos extra de volanterío, hasta que el coche queda perfectamente alineado con la acera. Yo me conformo con que no estorbe al paso… y ya.
  • Limpiar: En esto me hago un presupuesto de tiempo. ¿Tengo una hora? Pues la aprovecho lo mejor que puedo. Si quedan cuatro pelusillas dispersas, no me quitan el sueño.
En esencia, una tarea de poco valor es aquella que suma relativamente poco (en tu trabajo, en tus relaciones, en tus objetivos personales…), para la energía y el tiempo que consume. Y lo que interesa es que se quede hecha lo antes posible.

¿Por qué?

(1) Porque ahorras tiempo haciéndola. No te entretienes. Sólo importa terminarla. Y, obviamente, la terminas antes que si estás preocupado de hacerla lo mejor posible y de cómo quedará.

Lo curioso es que, después de hacerla unas cuantas veces, el resultado de la chapuza es más que aceptable. La práctica lleva a la mejora.

(2) Porque, cuando terminas, también tienes más tiempo para las tareas que sí merecen más dedicación.

(3) Porque es motivador: Terminar varias tareas, aunque sea en “modo chapuza”, hace que te sientas mejor que dejarlas a medias o aplazarlas hasta tener tiempo de hacerlas “en condiciones”.

Después de lo dicho, la decisión queda en tus manos: ¿Qué tareas tienes que hacer y te aportan poquito? ¿Probarías a hacerlas sólo para salir del paso, sin tanto arte?

¡Ah! ¡Que tú también haces chapuzas…! Ya sabía yo… ¿A que las consecuencias no son tan terribles?