Hasta aquí hemos llegado

A veces atraviesas una situación incómoda con una persona y, en lugar de hablarlo, lo vas dejando pasar. ¿Por qué?

señal de stopNo quieres líos.

Temes que acabe en una discusión o, peor, en una batalla campal.

No te sientes preparado ni con ánimos para encarar a esta persona…

O vaya usted a saber.

Mientras tanto, la situación sigue avanzando:

  • Sigues permitiéndole a un amigo que anteponga sus gustos, horarios o necesidades a las tuyas.
  • Le dejas al vecino que ocupe tu plaza de aparcamiento. Es buena gente, pero bien que te fastidia cuando tienes que mover el coche.
  • Tu jefe sigue haciendo chistes malos a tu costa.

Lo dejas pasar, hasta que un día notas que la molestia que venías sintiendo ha evolucionado. Ahora, la frustración está tocando techo. Y entonces es cuando te plantas y dices: “Hasta aquí hemos llegado“.

Quizás no sean ésas las palabras exactas. Podrían parecerse más a: “Oye, Pedro. Entiendo que te cueste encontrar sitio donde dejar el coche, pero a mí me trastoca mucho tener que avisarte cada vez que quiero salir.”

¡Comienza la batalla! Negociarás con Pedro y, quizás, termine la discusión de la peor manera y tú, con la etiqueta de “el peor vecino del barrio”.

Gracias a esa conversación incómoda, has perdido tu buena reputación de vecino “amable”.  Pero has ganado en comodidad, en tranquilidad, en confianza en ti mismo… ¡y puedes mover el coche cuando quieras!

Lo que ganas es tanto que, después de haberle plantado cara a esta persona, te preguntarás porqué no lo has hecho antes.

Aunque, ya sabes, cada uno de nosotros está preparado para decir: “Hasta aquí hemos llegado” en un momento distinto.