Cómo ser honesto sin ser cruel

Dices las verdades a la cara. Eres sincero y te gusta que lo sean contigo. El problema es que a veces cuesta encontrar el modo de ser honesto sin caer en la crueldad o la impertinencia.

repelentePor ejemplo, llego y te digo:

No sé porqué haces dieta. La empezaste hace ya… y yo cada día te veo más gorda.

¿Estoy siendo honesta? Sí, claro.

Pero también estoy siendo innecesariamente cruel y espantosamente desmotivadora.

Ser clara y sincera es importante para mí.

Aunque (no sé cómo lo verás tú) podría ser honesta y una buena amiga de un modo más respetuoso y saludable.

La honestidad no es excusa para insultar o tratar a otra persona de una manera tan nefasta. Si tú me avisas de esto, yo podría contestarte:

Perdóname. Estoy siendo sincera.

Y entonces llegamos al paradójico punto donde la sinceridad pierde toda su virtud y se convierte en lo contrario: en crueldad, en un arma negativa.

¿Quiere decir eso que es preferible que yo te mienta?:

¡Oh, sí! Se nota que estás más delgada.

Me temo que la mentira tampoco ayuda. Así es que, con tu permiso, me quedo con la honestidad. Eso sí, ejercida de una manera más habilidosa y prudente.

Dicho esto, apuntemos ideas para ser honesto de un modo constructivo. (Aunque las escriba en segunda persona, me las pienso aplicar.)

1) Habla en privado. Si vas a expresar tu punto de vista sobre un tema que es delicado para esa persona, díselo cuando estéis a solas. Así evitas que pueda sentirse más incómoda, presionada o avergonzada de la cuenta.

2) No le digas algo que ya sabe. Si, en el ejemplo, tu amiga se siente culpable por haberse saltado la dieta, no hay necesidad de que se lo recuerdes.

3) Piensa antes. Como te digo, si “tu verdad” puede dar lugar a malos entendidos o intuyes que a esa persona le puede afectar mucho, repasa en tu cabeza lo que le vas a decir. ¿Suena bien? ¿Es apropiado?

4) Sé muy respetuoso. Evita juzgar, exagerar, llenar de culpa a esta persona y, mucho menos, caigas en el insulto. Describe el problema o tu visión de las cosas lo más calmada y objetivamente que puedas.

5) Da soluciones. Si “tu verdad” no va a solucionar el problema y sólo va a causar daño, considera cerrar la boquita. Pero, si tienes algo valioso que aportar, ¡adelante!

Amiga, estás guapa, pero yo no te veo más delgada. Ahora, si insistes en hacer dieta, puedo pasarte el teléfono de una nutricionista muy buena que conozco.

6) Sé humilde. Admite que tu punto de vista no tiene porqué coincidir con el de esa persona. Es sólo una opinión, “tu verdad”. Y tu consejo también puede ser desestimado.

No, gracias. Mi dieta ya la llevo con el médico. Llevo unas semanas más alocada, pero enseguida vuelvo a mis buenos hábitos.

Ya está. No hay necesidad de insistir. Menos todavía, si la persona se siente incómoda después de que le dejes caer tu opinión.

 

Creo que nos van a sobrar ocasiones para practicar esto. Ser capaz de mostrar nuestra opinión sincera sin verter críticas destructivas es toda una habilidad.

En fin, tratemos de hacerlo lo mejor posible. ¿Te parece? La persona que está en frente se lo merece.

Imagen de Jon Appleyard