Un momento del que aprender

No contabas con ello, pero hoy aprendiste una lección valiosa para tu vida en una situación de ésas tan cotidianas.

observar

En las películas aparece a menudo. Una voz narra la conclusión que extrajo de un evento cualquiera: “Y ese día aprendí…”

El protagonista (tú mismo) no esperaba que estar presente en ese momento le haría reflexionar y aprender algo nuevo.

Por ejemplo. Un día en el que se me rompió el calentador de agua, yo estaba muy contrariada mientras esperaba al técnico que vendría a reemplazarlo.

Llegó a casa y dejé lo que estaba haciendo para atenderlo. Eso me estresó, porque tenía el horario muy apretado. (Yo estaba que me comía las uñas.)

El caso es que él también lo tenía saturado de tareas. No dejaba de sonar su teléfono, de parte de gente que también reclamaba su presencia.

Pero, en lugar de ponerse nervioso, este hombre comenzó a cantar una coplilla alegre en tanto me instalaba el nuevo calentador de agua.

Caramba… Parecía que estaba disfrutando y todo. Él, cantando y el teléfono, sonando cada dos por tres.

Cuando terminó, se despidió de mí con los ánimos por las nubes y una sonrisa enorme.

Y ese día aprendí… (viéndolo con mis propios ojos) que el estrés está más en la cabeza de uno mismo que en la situación en sí.

No contaba con ese momento pedagógico. ¿Lo podemos llamar así?

Lo que hizo que ese momento fuera significativo fue que (por suerte para mí) me detuve a observar la situación y me dejé enseñar por la actitud de este hombre.

Si yo no hubiese prestado atención, me habría perdido la lección valiosa. (Bueno, quizás la hubiera aprendido más adelante. Quién sabe.)

Y lo bueno de todo esto es que, a lo largo del día, tienen lugar momentos serios, tristes, divertidos… que pueden enseñarnos algo útil o parcialmente aprovechable.

Si estamos abiertos a un buen número de ellos, podemos aprender bastante. ¿No crees?

Imagen de Daniele Zanni