¿Por qué es bueno pedir ayuda cuando la necesitas?

Es maravilloso sentir que tu destino está en tus manos, que no depende de las opiniones, las decisiones o las acciones de otro. Es impagable esa sensación de libertad.

Pero esa independencia no quita que nos sigamos necesitando unos a otros. Y, en mi opinión, se puede ser libre al tiempo que crecemos juntos y nos apoyamos mutuamente.

Con las relaciones aprendemos y nos nutrimos del calor humano que la mayoría necesitamos para sobrevivir (y para mantener una buena salud).

Las relaciones nos dan fuerza. Entonces, ¿por qué no acudir a un amigo cuando nos hace falta su ayuda para levantarnos? ¿Hay algo de vergonzoso en ello? ¿Se supone que tenemos que arreglárnoslas solos?

Desechemos esa idea, si te parece. El simple acto de pedir ayuda es un acto de valor, de honestidad, de fuerza.

tender la mano

(1) Quien pide ayuda está aceptando sus limitaciones y reconociendo que tiene un problema. Esto le hace una persona flexible, adaptable, responsable. No es una criatura frágil y estúpida.

Es más estúpido ignorar el problema y quedarse sin buscar soluciones, ¿o no?

Precisamente, las personas más exitosas son quienes aceptan con más facilidad esas situaciones en las que necesitan apoyo y no dudan en pedirlo.

(2) Todos tenemos problemas, dudas y limitaciones. Eso nos hace iguales.

Algunos obstáculos podemos encararlos solos. Con otros, necesitamos ayuda. ¿Por qué sentir vergüenza o miedo a la hora de pedirla? ¿Qué sentido tiene?

Ya sea en un momento o en otro, todos nosotros vamos a necesitar que nos echen una mano. Y, desde luego, todos vamos a tener la oportunidad de ayudar a otras personas.

Imagina que eres tú quien ayuda a un amigo, a alguien de tu familia o a quien sea. Seguro que echarás más de un cable. Unas veces lo harás “por compromiso” y otras estarás encantado de ayudar.

(3) Encantado, sí. A la mayoría nos gusta sentir que nos necesitan, que cuentan con nosotros, especialmente esas personas que más queremos.

Tú, cuando tiendes tu mano a un amigo, estrechas la relación y te sientes bien al poder contribuir a que ese amigo se sienta mejor. Te sientes valioso. ¿A que te gusta que te dé la oportunidad de ayudarle?

Luego, si eres tú quien precisa de ese apoyo, pídeselo. Y, si no obtienes respuesta, busca ayuda por otro lado. Sin miedo ni vergüenza. Alguien habrá que te tienda la mano.

En definitiva, pedir ayuda es ser responsable; es creer en la cooperación que nos hace crecer como personas y como sociedad y es darles a los otros una oportunidad para conectar con nosotros.

¿Te convencen las razones?

Para mí, es posible muy deseable cultivar la autonomía, al tiempo que unas relaciones saludables, que sean una fuente de fuerza y crecimiento. La libertad no es aislamiento.

Imagen: Hands