Son tres palabras

Son tres palabras que te pueden elevar: “Tú puedes hacerlo.” O tres palabras que te pueden hundir: “Ni lo intentes.”

Cuando son del primer tipo, la energía brota fácilmente. La gracia está en hacer que esa energía brote o incluso que se dispare cuando son negativas a más no poder:

  • Eres un inútil.
  • No puedes solo.
  • Tú no sabes.
  • Eres muy vieja.
  • La has cagado.
  • Venga, déjalo ya.
  • Siéntate y descansa.

Tres palabras. A veces más de tres, con el consiguiente sobreesfuerzo para digerirlas.

¿Qué tal si, en lugar del efecto que pretenden, les das la vuelta para que te eleven?

Demuestra que están equivocadas o fuera de lugar. ¿A quienes te las dirigen? No, a ellos no tienes que demostrarles nada. Demuéstratelo a ti mismo.

Básicamente, tienes tres opciones: (1) Creértelas cuando te las dirigen y deprimirte de lo lindo. (2) No creerte ni media letra y seguir como si tal cosa. (3) Crecerte con ellas.

tres

A mí me gusta la segunda. Pero hay personas que, cuanto más caña les dan, más se rebelan y más empeño ponen en lo que hacen.

¿Son así de resistentes desde que nacieron? Qué va. Lo que pasa es que aprendieron a darle la vuelta a las críticas más apocalípticas. Esa rabia que da escucharlas la fueron trasformando en lo que necesitaban: ¡Acción!

Ahí los tienes. Cuando escuchan tres palabras disparadas para desalentarlos (Eso es imposible), ellos responden con lo que no estaba previsto (Claro que puedo).

Acto seguido, no les ves ni el flequillo. Están trabajando, con más energía que nunca, contentos de estar dándoles la vuelta a los pronósticos más agoreros.

¿Y tú? ¿Puedes?

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