Qué haces cuando dices la verdad y no te creen

Partimos de la siguiente situación: Vas a contarle “tu verdad” a una persona que te conoce bien. Empiezas a hablar y, por la cara que pone, tienes la sensación de que no se está creyendo ni media palabra.

Habitualmente, a tus amigos y familiares más cercanos no tienes que probarles nada. Te conocen. Te quieren. Prevalecen el respeto y la confianza, que son básicos en las relaciones. Tu palabra basta y la de ellos te basta a ti.

Pero no siempre es así. A mí me pasa que hay un familiar cercano que no suele creerme de primeras cuando se trata de un asunto, digamos, serio. Mi palabra no es suficiente. ¿Por qué?

conversación

Las razones por las que alguien cercano no cree en tu palabra pueden ser muy variadas:
  • Si has mentido en el pasado y esta persona lo sabe, los antecedentes juegan en tu contra. Le cuesta más confiar en ti.
  • Puede que le cueste más confiar, en general. No es nada personal en este caso. Lo mismo ha vivido experiencias que lo han llevado a ser así de desconfiado/a. Es así con todos.
  • Quizás es un mentiroso/a. Si alguien acostumbra a mentir con frecuencia sin despeinarse, es más fácil que piense que tú vas a hacer lo mismo.
  • Puede que quiera sentirse importante. Asume el rol de juez. Al dudar de tu palabra, te coloca en una posición en la que tú has de darle pruebas.
  • O, tal vez, si lo que le cuentas no le gusta, prefiera armarse su propia versión en la cabeza; mucho más fácil de creer y más apetecible.

Además, hay que tener en cuenta que una cosa es que a ti te parezca que esa persona no te cree y otra distinta que, efectivamente, no te crea.

Tú también tienes que tener confianza en que esa persona va a creerte; darle esa oportunidad. Porque, si no, entramos en una espiral de la que no se sale.

Bien. Ya que estás exponiendo tu verdad, ¿qué acciones pueden hacerte más creíble? Repasemos algunas:

1. Los antecedentes. Si has sido honesto anteriormente, tu conducta te avala. Aunque, desafortunadamente, por buenos antecedentes que tengas hay personas que no te creerán por los motivos que hemos dicho (pocas, pero las hay).

2. Presentar pruebas. Si se tienen, cuanto más contundentes, tanto mejor. ¿Y si no las tienes a mano? Vaya, el asunto se complica…

3. Conducta consecuente. Es más fácil que te crean (si no en ese momento, después) cuando te comportas de acuerdo con lo que tú has contado. Por ejemplo, si le dices a esta persona que no saliste el jueves por la noche (porque tú no sueles salir ese día), que no te vean en la calle los jueves.

4. Firmeza y claridad. Plántate delante de esta persona. Mírala a la cara. Y cuéntale lo que sea de modo directo, breve, sin adornos, justificaciones accesorias ni titubeos.

Evita mantener la mirada fija en sus ojos. Los mentirosos habituales creen que, si son capaces de sostener la mirada fija, la otra persona pensará que dicen la verdad. Los pobres meten la pata, porque suelen clavar los ojos de manera más intensa y por más tiempo, empeñándose a conciencia.

Tú no necesitas tanto empeño. Si lo pones, la otra persona puede escamarse…

5. Mantén la calma. Si la verdad está de tu lado, es más fácil estar tranquilo, por mucho que sea frustrante que una persona, que se supone que está de tu lado, no te crea cuando dices la verdad.

Aun así, intenta controlar los nervios. No grites, no refunfuñes ni muestres tu indignación. Ese exceso de esfuerzo por conseguir que esta persona te crea es contraproducente. Muchos mentirosos usan esta técnica para hacer lo blanco, negro.

6. Pídele que crea en ti. Dale seguridad. Quizás puedas pedirle que crea en ti esta vez. Ya, si él/ella descubre que lo que le has dicho es mentira, que no te crea la próxima vez.

Sí, ya entramos en recursos de dudosa eficacia, como el que sigue.

7. Prometer, jurar. ¡Si estoy mintiendo, que me fulmine un rayo ahora mismo! Nada, nada… Como estés delante de una persona que acostumbra a jurar y mentir por sistema, esta medida carece de eficacia.

¿Ves toda esa lista? Pues, insisto. Hay personas que no te creerán por mucho que tú hagas y aunque te fastidie, incluso siendo de tu familia.

¿Qué queda? Pasar página. Tú no puedes controlar lo que otro piensa de ti. Él/ella se lo pierde y tú ya sabes a quién hacer partícipe de tus confidencias… y a quién no.

Imagen de ashraful kadir