Una propuesta para enfrentar el miedo al fracaso

¿Hay algunas cuestiones en las que te sientes particularmente inseguro? ¿Las eludes por miedo al fracaso?

En fracaso vamos a englobar: rechazos, malas críticas, la convicción personal de que lo hemos hecho de pena y cualquier otra manifestación que apunte en sentido contrario al éxito. ¡Qué vergüenza! ¡Qué dolor!

Muchos de nosotros tememos al fracaso, ya sea por lo que piensen los demás, por el sentimiento de frustración que se nos queda dentro o por otras pérdidas añadidas.

En ese espejo me miro yo también, mientras voy aprendiendo a darle la vuelta a lo que sé del fracaso. En realidad, éxito y fracaso están muy juntitos. Tanto, que pocas veces se llega al éxito si no es tras fracasar varias veces.

Y, además de eso, he aprendido que con el fracaso se gana bastante. Te quedas con la lección aprendida, te conoces mejor, agudizas el ingenio para el próximo intento, te haces más resistente y… aquí está el punto que me gustaría enfatizar hoy: Puede ayudarte a perderle el miedo.

¿Cómo es eso? Quizás pienses que, si habitualmente fracasas en una cuestión, menos ganas tienes de intentarlo otra vez, porque sabes que es probable que salga mal.

miedo al fracaso

Si, por ejemplo, yo voy a una entrevista de trabajo (y a otra… y a otra más) y, por una u otra razón, me rechazan, ¿qué ganas voy a tener de seguir presentándome a entrevistas?

Poquitas. Lo mismo que si quiero adoptar un hábito saludable para mí y no hay manera… Fracaso una y otra vez.

Sabemos que con cada fracaso aprendemos qué hacer (o evitar) para que la próxima vez tengamos más probabilidades de hacerlo bien, pero tememos volver a sentir el fracaso en el siguiente intento.

¿Algún remedio para esto?

Fracasar aposta

¿Cuál es la idea? Llevar a cabo tareas que NO se te dan bien. Tareas en las que lo más probable sea que fracases. En mi caso, me basta con meterme en la cocina para encontrar bastantes de éstas.

¿Para qué? Para aprender a ver el fracaso de otra manera. Cuando te expones al fracaso:

  • Te das cuenta de que te estás atreviendo a realizar tareas incómodas para ti… ¡y no pasa nada! Al contrario, sales de la enclaustrante “zona de confort”.
  • Te acostumbras a salir de esa zona, una y otra vez, lo que te va desensibilizando para afrontar, además de ésas, otras situaciones incómodas.
  • Es más fácil ir desligando el fracaso de tu persona: Lo que intentaste salió mal. Y significa simplemente eso: que salió mal. No quiere decir que TÚ, como persona, seas un desastre.

¿Cuesta? Sí, cuesta. Pero las pequeñas vergüenzas que pasas te van haciendo más resistente.

Si yo me pongo a cocinar una cena para cinco personas, lo más probable es que el resultado sea poco apetecible. (Puede que no. Si no lo intento, no lo sabré.)

Lo que sé es que, si después me piden que cuente un chiste en la reunión, me va a ser fácil. ¿Qué es contar un chiste al lado de toda la tensión que pasé cocinando?

Y esto, seguramente, te habrá pasado a ti: Después de afrontar una situación difícil, ¿a que no suena tan atemorizante enfrentarte a una más sencilla o similar?

Moraleja: No hagas sólo aquello que se te da bien. Prueba con lo que no dominas y atrévete a hacerlo mal. Esos pequeños fracasos te harán más resistente para vencer el miedo en otras ocasiones.

Imagen de Alex E. Proimos