Qué no hacer después de una ruptura dolorosa

Más fácil que hablar de la forma de superar una ruptura, que puede ser muy distinta para cada uno de nosotros, es apuntar unas cuantas opciones que, generalmente, hacen más mal que bien en este tipo de situaciones.

Si te parece, anotamos cinco de ellas.

1) Saturarte de actividades

Un consejo muy popular para cuando se vive una ruptura es éste: Haz cosas para evitar pensar todo el tiempo en lo mismo. Mantente activo.

Eso es bueno. Así no estás nadando constantemente entre penas y puedes airear la mente para pensar en otros menesteres. Sí, es bueno, mientras no te satures de actividades.

Porque también necesitas un tiempo para vivir el duelo. Te hace falta echar fuera el dolor para que no se enquiste dentro. Tienes derecho a sentirte triste, a hablar de lo ocurrido, a reflexionar sobre ello, etc.

Suena más saludable, entonces, buscar un equilibrio entre la actividad para despejarse y el tiempo para manejar emocionalmente la experiencia.

corazón roto

2) Ahogarte en los recuerdos

Lo contrario de saturarse de actividades para no pensar es girar en torno a los recuerdos de la relación y su traumático final.

Te aferras al pasado. Abrazas objetos para recuperar sensaciones que te dices que has perdido para siempre. Escuchas canciones desgarradoras con las que te identificas y que te sirven para viajar más al fondo de la destrucción.

¿Qué necesidad hay de amplificar el sufrimiento? La experiencia ya es dolorosa de por sí.

3) Compadecerte de ti mismo

De lo anterior, con frecuencia se llega a esto: A la autocondena, a la autoflagelación. Pasan las horas y tú, a solas con tu amargura, sientes pena de ti mismo.

Ya. Es el dolor, que está saliendo. ¿Pero has de ser tan duro contigo mismo? ¿Tanto?

Ni es saludable sentirse un miserable indigno de amor, ni volcar toda la culpa en la persona con quien tuviste la relación y regodearse en el daño sufrido. ¿No te parece?

4) Pasar tiempo con personas que te ponen peor

Las personas cercanas son un gran apoyo en estos momentos. Bueno, no todas.

Las que insisten en los riesgos absurdos que tomaste y en todo aquello que hiciste mal podrían quedarse calladitas. Porque, a ver, ¿quién está libre de errores? Para conseguir lo que quieres en la vida has de asumir ciertos riesgos y eso fue lo que tú hiciste.

Y, aunque parezca que sí, tampoco ayudan las personas que te ayudan a echarle toda la culpa al otro, dando por hecho que tú no cometiste ningún error. ¿Y si lo cometiste? ¿Qué vas a aprender de la experiencia?

Hay gente (buenas personas) que, con la intención de echar una mano, hacen más difícil este episodio. Son amigos o familiares y, claro, no se trata de mandarlos a paseo, sino de no dejarse influenciar tanto por quienes refuerzan tus pensamientos más pesimistas.

5) Anclarte en la situación

La vida es cambio. De acuerdo en que una ruptura es un episodio doloroso y desagradable, pero también pasa.

No eres el primero ni el último que atraviesa una experiencia así. Y, aunque esto no sea consuelo, sí puede dártelo la certeza de que quedará atrás.

Aprenderás. Perdonarás. Te levantarás. Mañana amanecerá igualmente y, un día, la herida que hoy está abierta será una cicatriz más, de ésas que todos tenemos.

Todo esto es más fácil de escribir si no se está envuelto en la situación. Cuando acabas de sufrir el golpe, es otra historia. No obstante, si estás viviendo uno de estos trances, confía. Un día tú también lo mirarás desde la distancia.

Imagen de WolfS♡ul