Vísteme despacio, que tengo prisa

La frase popular del título nos recuerda la conveniencia de movernos tranquilamente, conscientes de lo que estamos haciendo, en lugar de optar por las prisas.

Con frecuencia, de las prisas nacen despistes, errores fatales, estrés y una ansiedad galopante.

Cuando vas con prisa, dejas las llaves del coche quién sabe dónde, escoges a la ligera, respondes a una pregunta sin reparar en las palabras que has dicho, etc. Son pequeñas acciones donde, por no prestar atención, se hacen más probables los errores.

prisa

Tu mente ya está en otra cosa cuando no has terminado ésta. Mientras tu cuerpo deja las llaves del coche sobre la mesa, estás pensando en qué vas a preparar para comer. Y, a la mañana siguiente, te encuentras con las consecuencias del lapsus: “¿Dónde demonios he puesto las llaves?

Ése es el resultado de intentar moverse tan deprisa. Y, por supuesto, muchos de estos problemas pueden evitarse de una manera sencilla: Levantando el pie del acelerador.

Si te parece, vamos a apuntar ideas para “vestirnos despacio”, prestando más atención a lo que hacemos en cada momento:

(1) Haz una sola cosa: Hay determinadas actividades que se pueden combinar con buen resultado (por ejemplo, hacer ejercicio y escuchar música). Pero muchas otras, no.

Cuando haces varias cosas a la vez, has de alternar tu atención entre unas y otras, con lo que el cansancio y la probabilidad de cometer errores se multiplican.

(2) Corta con las distracciones: Por un lado están las distracciones del entorno. Muchas de ellas las puedes evitar. Por ejemplo: la televisión, el teléfono, las interrupciones de la gente que pasaba por allí (avísales de que estás trabajando o vete tú a otra parte), etc.

Las que puedas, evítalas si te pones con una actividad que requiera de tu concentración.

Por otro, está tu mente haciendo de las suyas. Ya salta a lo que ocurrió la semana pasada o viaja hasta el futuro. Cuando la pesques distrayéndose, tira de las riendas para que se fije en lo que está ocurriendo ahora.

(3) Haz un repaso de lo que acabas. Es decir, en lugar de terminar con una actividad y ponerte acto seguido con la siguiente, date unos instantes para revisar lo que has hecho.

Ejemplos: Al terminar de hacer la compra, al salir de casa de tu amigo, al cumplir con un encargo… A ver, ¿está todo bien?

 

Esas pequeñas costumbres son fáciles de explicar y de entender. Es más complicado llevarlas a la práctica, porque muchos nos hemos acostumbrado a movernos deprisa. Durante el día intentamos hacer lo máximo posible. Y eso nos hace creer que trabajamos duro y somos muy productivos.

Sin embargo, es sólo eso: una ilusión. En realidad, cuando nos “vestimos despacio” hacemos más cosas, porque no tenemos que volver atrás a corregir despistes. Lo que terminamos se queda hecho.

Además, qué rayos, se saborea mejor la vida yendo despacio. ¿Para qué tanto correr? ¿Qué sentido tiene?

Imagen de shenamt

Comments

  1. No puedo estar más de acuerdo! Super buen artículo! 🙂