Compra menos cosas y sé más libre

¿Lamentas estar corto de dinero para comprarte esas cosas que tanto te apetece tener? En esta entrada reflexionamos sobre el tema.

Antes, te cuento que mis hábitos como consumidora han cambiado bastante en los últimos tiempos.

La crisis ha sido implacable con miles de familias que apenas tienen recursos para subsistir. Yo estoy entre quienes han corrido mejor suerte. Mi nivel de vida ha bajado muchos escalones. Pero, gracias al apoyo mis padres, me las voy arreglando.

Digamos que sigo en un tiempo de estrecheces económicas. Aunque lo bueno, en mi situación, es que he aprendido a vivir contenta comprando mucho menos.

Es más, si vuelvo algún día a tener más dinerillo, creo que me mantendré en esta línea.

He aprendido a vivir con menos cosas; a distinguir necesidades de caprichos y a valorar los pequeños placeres. Entre ellos, la libertad que se deriva de llevar una vida más simple. (Bueno, éste no es tan pequeño.)

Pienso en todo eso que no tengo y, muchas veces, la frustración se evapora cuando reflexiono sobre estas cuestiones que te voy a comentar. (Espero que te sirvan a ti también, si estás en unas parecidas.)

compras

1. Antes de comprar, piensa en el precio que pagas

Lo que compras también te posee a ti.

Lo siento. No recuerdo la frase exacta. Sé que es una cita o proverbio famoso, pero no consigo recordar quién lo dijo. Quedémonos con la idea: Tú tienes lo que compras, pero eso también te posee a ti.

Más allá del precio que pagas para que entre en tu vida el objeto en cuestión, está el coste monetario de mantenerlo.

O quizás sea un coste emocional (como el de un aparato que compras para hacer ejercicio y, cada vez que lo miras, te sientes mal porque no lo estás usando).

O puede que te cueste tiempo y energía (como esas figuritas decorativas monísimas que te toca limpiar a ti).

El precio que pagas es sólo una parte del coste. Una vez que tienes esa cosa nueva en tu vida, sigue costándote.

De ahí que sea una buena idea hacerse unas cuantas preguntas antes de comprar lo que sea. Por ejemplo:

  • ¿En qué me beneficia tener este objeto (o servicio)?
  • ¿Satisface una necesidad o simplemente me gustaría tenerlo?
  • ¿Podría vivir sin eso?
  • ¿Cuál es su vida útil?
  • ¿Cuánto me costará mantenerlo? (Reparaciones, impuestos, accesorios, etc.)
  • ¿Puedo reciclarlo o donarlo cuando ya no lo necesite o lo guardaré en el trastero?
  • ¿Le va a quitar tiempo a lo que más me importa de esta vida? (Familia, amigos, carrera, etc.)

Si nos hiciéramos esas preguntas antes de comprar cualquier cosa, seguro que nos moderaríamos más en el tema.

2. ¿Televisión? Poquita

Ahí están los anuncios, intentando convencerte de que realmente necesitas el producto que venden.

Quítate las arrugas, píntate, opérate, vístete en condiciones, arréglate esos pelos, desodoriza tus zonas pudendas… Y sólo menciono los anuncios que están dirigidos a “mejorar” el aspecto de las mujeres. También se ocupan de los hombres, incluso de los niños… Hay productos para toda necesidad y para todos los públicos.

Hasta teniendo la televisión como ruido de fondo, te llega el mensaje. Y afecta más de lo que parece…

Haz la prueba consumiendo menos televisión y, en general, menos anuncios en otros medios. Verás cómo dejas de pensar que necesitas tantas cosas. Y, en el caso de las mujeres, nos sentiremos mucho más contentas con nuestro aspecto. (Como a mí me ha pasado.)

3. Valora lo que tienes

Valora la gente y las experiencias que compartes con ellos. Observa que, muchas veces, no hace falta gastar dinero para sentirte inmensamente feliz.

Valora las cosas, también: La manta que te da calor, la comida que disfrutas, tus zapatos más cómodos, tus libros preferidos, etc.

Haz recuento de lo que de veras es importante para ti y verás que puedes vivir más que contento con ellas.

Deja las penas por no tener ese traje nuevo, ese perfume, ese videojuego o ese último grito en tecnología (que el año que viene quedará obsoleto).

¿Ahora no puedes permitírtelo? Si acaso, ya lo comprarás más adelante si lo consideras oportuno. Mientras, sé feliz con lo que tienes.

4. Pasa de las apariencias

Que si Fulanito se fue un mes de crucero. Que si Menganita se ha comprado un cochazo y se ha hecho la cirugía… Bueno, son sus “sueños” y son ellos quienes pagan las facturas. Que vivan como quieran.

Despreocúpate. No te sientas menos que otros. ¿Para qué, la comparación?

Dale prioridad a tu vida, a lo que es importante para ti. Valora lo tuyo y no tanto las apariencias del que quiere apantallar o del que, simplemente, tiene más.

Compra, sí. Pero compra según tus prioridades, según tus verdaderas necesidades, sin ser un esclavo del consumismo frenético.

Conste. Es una sugerencia para vivir más libre y tranquilo. Si esta filosofía no va contigo, nada, dale carpetazo. 😉

Comments

  1. Susana says:

    Gracias por compartir con nosotros tantas y tantas cosas, por ser tan generosa, por tu tiempo, por tu dedicación….
    Es un placer poder leer cada día una entrada y aprender cada día una cosa!!

    Un abrazo!!

    • Casandra - TBM says:

      En eso estamos, Susana. 😉 Gracias a ti por tus palabras. 🙂 Besotes!