¿Estás dispuesto a arriesgarte?

La vida es una aventura que tenemos el privilegio de vivir. Y, como tal, conlleva riesgos.

(Si la palabra “riesgos” te intimida, cámbiala por “contingencias”. Da igual.)

La idea es que, desde que te levantas por la mañana y empiezas a hacer cosas, estás corriendo riesgos… (y, si no haces nada, también).

arriesgarte

Y aquí es donde tú y yo nos sacudimos los temores para hablar de grandes riesgos que da gusto correr. ¿Cómo que no?

1) El riesgo de amar

Cuando una persona te importa, asumes riesgos. Qué te voy a contar…

Corres el riesgo de que la relación derive por terrenos pantanosos: rechazo, decepción, traición, ruptura, etc.

O, sin llegar a males mayores, corres el riesgo de sufrir cuando veas sufrir a esa persona; el riesgo de estar muy vinculado; el riesgo de que esa persona te conozca profundamente, debilidades y defectos incluidos, etc.

Pues, sí. El amor es ultra-riesgoso. Pero, cualquiera que haya amado alguna vez, nos diría que es una de las mejores experiencias de la vida.

2) El riesgo de ser tú mismo

Levanta la cabeza y expresa quién eres, qué quieres, qué piensas, qué sientes… Poniéndote frente al mundo tal cual eres, también asumes muchos riesgos.

A unos les caerás simpático; a otros, como un tiro. Unos te apoyarán; otros, serán hostiles contigo. Unos te verán interesante; para otros serás un sopor con patas, etc.

Y lo gracioso es que, si te guardas quién eres y lo que piensas para ti (porque no te atrevas a correr el riesgo de exponerte), también correrás riesgos parecidos, al que se sumará el de sentirte frustrado.

Total, ¿para qué te vas a privar de ser como eres y de hacer lo que quieres?

3) El riesgo de aprender algo nuevo

Aprender a montar en bicicleta, a nadar o a manejar el Photoshop. ¡Ay, qué torpe te sientes al principio…! Cuántas situaciones incómodas has de atravesar…

Corres el riesgo de equivocarte, de hacerlo mal, de que tus amigos se burlen cuando te pesquen en el error, etc.

Pero -aquí viene lo bueno- ninguna de esas molestas consecuencias te ha impedido aprender un montón de cosas, desde que comenzaste a vivir hasta el día de hoy.

Y seguirás corriendo el riesgo, ¿verdad? Porque la recompensa de vencer esos miedos se halla en lo mucho que has aprendido.

4) El riesgo de perseguir tus objetivos

Quizás te quedes un buen rato planeando cómo vas a conquistar tus metas, grandes o pequeñas.

Sabes que, en cuanto pases a la acción, los riesgos van a multiplicarse: Te arriesgas a los pasos atrás, a los fracasos, a las críticas, a los sabotajes, etc.

Pero también sabes que, si no corres el riesgo, lo que quieres no va a lloverte del cielo.

Ahí es cuando resuena el dicho en tu cabeza: “Quien no arriesga, no gana.” Y, llevado por esa sabiduría condensada en cinco palabras, te armas de valor y te lanzas a luchar por lo que quieres.

 

En fin, ya que hace un rato que has salido de la cama, ¿qué me dices? ¿Qué riesgos correrás hoy?

Imagen de Paxson Woelber