3 Ideas para ser menos perfeccionista

¿Pospones tareas porque, según tú, no hay tiempo suficiente para hacerlas? ¿Tardas mucho en terminar lo que haces, por los detalles que tienes que pulir? ¿Eres muy, muy difícil de complacer?

No hace falta que nadie te lo diga: Eso es perfeccionismo.

Y, aunque suene virtuoso, ese hábito marcha en sentido opuesto a la felicidad.

Los perfeccionistas se estresan más y viven permanentemente insatisfechos.

trabajandoSi tú estás muy orgulloso de ser perfeccionista o como lo llames (concienzudo, amante de la excelencia, detallista, etc.), retiro lo dicho. Enhorabuena.

Pero, si quieres llevar la fiesta con más calma (sin renunciar a la calidad), aquí tienes algunas ideas para que las consideres:

1. Ten en mente la finalidad de la tarea

Haces muchas cosas a lo largo del día, pero no todas requieren el mismo esmero por tu parte. Unas se merecen bastante dedicación; otras, es suficiente con que queden hechas.

Así es que, cuando tengas delante una tarea, pregúntate primero: ¿Para qué hago esto? La finalidad de la misma te ayudará a decidir cuánto esfuerzo de tu parte se merece. No todas las tareas son igual de importantes.

2. Si te dedicas a pulir detalles, que sea con una tarea importante

Al hilo con lo anterior, decide cuáles son tus prioridades; qué cosas de todas las que haces tienen más valor para tu progreso.

Y, si sientes la tentación de retocar cada detalle, dedica ese tiempo sólo a las tareas de más valor.

Entretenerte en eliminar esas diminutas manchas de la bañera, por ejemplo, no aportará más valor a tu existencia ni te hará más feliz. Pero, si es el caso… ¡pule, pule!

3. Fija unos mínimos de calidad y para cuando los alcances

Esto es aplicable en varios escenarios. En el trabajo, se ve claro. Por mi parte, lo he adoptado de costumbre: Me fijo un mínimo de trabajo y, cuando llego ahí, me detengo.

Gente más sabia y exitosa que yo, también lo hace. Es una buena idea para aumentar la productividad y reducir el estrés.

Y también es aplicable a las compras. Una persona muy perfeccionista suele demorar la decisión sobre qué aparato comprar, por ejemplo. Hay infinidad de opciones disponibles y, claro, se paraliza.

La idea es que esta persona se fije un mínimo de requisitos para ese aparato (o cosa que sea). Una vez que los tenga claros en su cabecita, será mucho más fácil elegir entre las opciones que tenga delante.

¡Ah! Y una vez comprado, hecho está. Muchos perfeccionistas se estresan a posteriori cuestionando su decisión, preguntándose qué hubiera pasado si, en lugar de elegir A, hubieran elegido B.

Si es tu caso, ¡para! Ahórrate ese estrés y disfruta de lo comprado, que de eso se trata.

 

En caso de que tu perfeccionismo te esté estresando, tú puedes poner en práctica ideas y estrategias (éstas u otras) para decirle adiós al agobio.

Hacer un trabajo de calidad es una cosa y pretender un resultado perfecto es otra (nada saludable, como hemos dicho tantas veces).

Imagen de lintmachine