Al mal tiempo, buena cara

A veces la vida se torna turbulenta. Nos toca navegar en un mar embravecido. Y en esos momentos podemos elegir entre hundirnos o intentar salir a flote.

¡Oh, sí! Sería maravilloso surcar mares tranquilos sin encontrarse nunca con las fastidiosas tormentas. Pero las tormentas, inevitablemente, aparecen y nos sacuden.

¿Qué ocurre cuando luchas por conseguir algo que quieres? Vas muy bien. Progresas. Navegas tranquilo. Y, de repente, ocurre algo imprevisto y tus planes se van al traste.

dejar atrás la tormenta

En ese momento tienes la opción de dejarte hundir, sentirte derrotado y abandonar. O bien la de estudiar qué ha ido mal y darte la oportunidad de intentarlo de nuevo.

¿Qué pasa cuando la gente se porta mal contigo? Te abandonan; te traicionan; hablan mal de ti o te ponen la zancadilla…

Ahí también puedes elegir si creer que todo el mundo va a lo suyo y no volver a confiar ni en tu sombra. O aceptar que todo el mundo comete errores y se porta mal de tanto en tanto, y seguir adelante con la lección aprendida.

¿Qué ocurre cuando te vas de vacaciones a la playa y hace mal tiempo? Tienes unos cuantos días para disfrutar del soy y te encuentras con esto…

También puedes elegir entre poner cara de sorber un limón y soltar maldiciones contra el cambio climático. O bien, adaptarte a lo que hay e improvisar la manera de disfrutar lo más posible en ese tiempo.

Moraleja: La mayoría de las veces no son las circunstancias las que deciden si eres feliz o no; si te hundes o sales a flote. Eres tú quien lo elige.

Muchas de esas personas que ves, que lucen alegres y risueñas, no es que estén libres de problemas y preocupaciones. Lo que pasa es que eligen ponerle al mal tiempo, buena cara.

¿Te parece que lo intentemos nosotros también?