4 Propuestas para quitarle dificultad a cualquier objetivo

¿Cuándo fue la última vez que te planteaste un objetivo difícil? Lo consiguieras o no, seguro que aprendiste de la experiencia.

Como “objetivo difícil” podemos citar, por ejemplo: Dejar de fumar, perder no-sé-cuantos kilos, hablar un idioma nuevo… o cualquier otro reto que te pareciera una montaña altísima.

Cuando lo consideras, sabes que lograrlo es bueno para ti. Quieres embarcarte en la aventura. Pero te gustaría que el objetivo no fuera tannnn… difícil de alcanzar.

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¡Oh, sí! Para mí que casi todos hemos estado en ésas.

Y, por si te sirven, por aquí dejo cuatro cositas de las que he ido aprendiendo en mi escalada hacia objetivos difíciles. Puede que se parezcan a las que tú ya sabes.

1. Empieza pronto

Si tu objetivo es muy difícil y no tienes la confianza en ti mismo por las nubes, empieza a moverte cuanto antes. Porque, cuanto más lo pienses, más excusas encontrarás para postergarlo o dejarlo a un lado.

Una vez que tomes la decisión sobre eso que sabes que es bueno para ti, ¡adelante!

No tienes que saberlo todo de entrada ni que elaborar un plan minucioso al respecto. Investiga y planea, sí, pero no en exceso.

Aparca tu miedo. En cuanto te eches a andar, irás sabiendo más cosas. Y, si te equivocas, mejor. Aprovecha los errores para revisar o cambiar tu plan.

2. Busca ayuda

Todos necesitamos ayuda y eso no nos hace menos capaces, al contrario. Pedir ayuda es un acto responsable; señal de que te tomas en serio tu objetivo.

Unas veces nos hace falta que nos lleven de la mano. Otras, simplemente un consejo, una referencia, un dato minúsculo o una persona que esté ahí, de tu lado.

Cuando hablamos de un objetivo ambicioso, que va a requerir esfuerzo por tu parte, es mejor no hacer el camino en solitario.

Ten presente que a todos nos gusta que se nos tenga en cuenta. Hay personas que estarán contentas si les das la oportunidad de echarte una mano. Si no las encuentras en un lado, mira por otro sitio.

3. Céntrate en cada paso que das

Al principio los avances pueden ser minúsculos; puede ocurrir que no vayas tan rápido como tú quisieras. O, quizás, que resbales ya que estás en marcha… y te caigas… y fracases.

Es natural. Los progresos hasta la meta no son siempre constantes y lineales.

En lugar de medir el éxito por el resultado final, reparte el éxito en cada paso que das. Cada uno de ellos, más largo o más corto, es un triunfo.

Si te caes, echa un vistazo a lo recorrido. Celebra tus logros, por pequeños que sean. Deja que te levanten… y sigue… ¡sigue adelante!

4. Evita presiones inútiles

Inútiles, como el perfeccionismo. Inútiles, como compararte con otra persona. Esas presiones hacen el camino más duro de lo que es.

Prescinde de la necesidad de hacerlo todo bien de primeras o de hacerlo mejor que Fulanito. Si eso te sirve, adelante. Pero no lo necesitas para avanzar.

Mucho más sencillo es que te conozcas a ti mismo. Que sepas lo que quieres y porqué lo quieres. Tú no eres una réplica de otro. Tienes tu propio camino, que es único, por mucho que el de otra persona se le parezca.

Aprende de buenos modelos, pero no te compares con ellos.

 

Si tienes en cuenta lo anterior, verás que el objetivo que te propones no es tan duro y doloroso como tú te lo imaginas de primeras. O quizás descubras todo lo contrario: Que es más difícil de lo que tú habías pensado.

Eso sólo lo sabrás si te pones en marcha. Date esa oportunidad. Hazlo por ti.

Imagen de Pensiero