¿Es suficiente o quieres más?

¿Hay algún aspecto de tu vida con el que no te sientes satisfecho y quieres más…? Más amor, más dinero, más belleza, más tiempo, más espacio…

Muchos nos hemos acostumbrado a querer más, pensando que “más es mejor”. Trabajamos más, para producir más, para tener más dinero con el que comprar más cosas.

Por aquí hemos dejado caer la idea de que yendo a un ritmo más sosegado, tomándonos tiempo para descansar y despejarnos, seguramente conseguiríamos mejores resultados.

Y también hemos apuntado que, para liberarnos de la esclavitud del “quiero más”,  podríamos aprender a apreciar lo que tenemos y a sentirnos contentos con ello.

Porque no tener nunca suficiente, no ser nunca suficiente, no hacer nunca lo suficiente… crea un pozo sin fondo. Nos esforzamos en llenarlo y no lo conseguimos.

mundo

En ese punto es donde surgen muchos comportamientos adictivos. Frustrados, intentamos llenar el pozo con alcohol u otras sustancias, comiendo de más, yendo de compras, practicando sexo a destajo, operándonos una y otra vez para mejorar el cuerpo… Y sigue sin ser suficiente.

¿Qué es lo que tratamos de llenar con todos esos sustitutos?

La condena de tener un trabajo aborrecible. El dolor de no tenerlo. El desencanto en el matrimonio. La soledad en la soltería…

Quien no tiene trabajo mira al que tiene un trabajo que no le gusta y lo considera afortunado.

El soltero, que piensa de sí mismo que es un bueno para nada, mira al que está casado deseando su suerte. Mientras que el casado, harto de lo suyo, envidia la libertad del soltero.

Queremos lo que no tenemos. Pero es que la sociedad también hace su parte, enseñándonos a vivir permanentemente insatisfechos.

Si prestásemos menos atención al bombardeo continuo de mensajes diciéndonos qué pensar, cómo pensar, qué comprar y qué necesitamos para ser felices, quizás podríamos encontrar algo de paz y descubrir que sí somos, tenemos y hacemos lo suficiente.

Si explorásemos en lo más profundo de nosotros mismos; si aprendiéramos a querernos tal y como somos, a tratar bien a nuestra propia persona, entonces podríamos darnos cuenta de que somos, tenemos y hacemos lo suficiente.

No hace falta más. Tú eres valioso así, como eres ahora.

Si después de asumirlo quieres cambiar, mejorar, poner o quitar, vale. Pero hazlo por amor, no por insatisfacción.

¿El ejemplo más parecido que se me ocurre? La madre que ama a su bebé incondicionalmente. 😀 Es calvito, pequeño y todavía no tiene ni idea de dónde ha venido a parar. Pero su mamá está contenta y orgullosa de su retoño; lo quiere tal cual es y estará de su lado mientras se vaya forjando.

Querámonos así, ¿no te parece? Como a esa criatura imperfecta (y valiosísima) que tiene un mundo por delante para descubrir. 🙂

Imagen de ?ethan

Comments

  1. Que bonito Cassandra! 😀