Encuentra oportunidades para usar lo que sabes

¿Por qué nos gusta enterarnos de cosas nuevas? ¿Por qué nos hace ilusión descifrar un enigma o esclarecer un misterio? ¿Para qué compartimos información?

Saber satisface nuestra curiosidad, reconforta el deseo de comprender y también cumple una función importante:

Nos ayuda a desenvolvernos mejor en nuestro entorno.

Quien más sabe, mejor preparado está para conseguir lo que quiere.

Ya lo sintetizó de forma clara Francis Bacon: El conocimiento es poder.

El saber es insustituible. Da tranquilidad, seguridad, perspectiva, buen juicio, ¡poder!… De lejos es preferible a la “bendita ignorancia”.

No obstante, volviendo a la frase de Bacon, que “el conocimiento es poder” es una verdad a medias. Es poder cuando lo usas. Si no lo usas, ocupa tiempo, espacio y tiene escaso valor (al margen de la satisfacción personal, claro está).

aprender a diario

Usa lo que sabes. Dale vida.

Si yo no uso lo que sé, lo que sé está muerto. Ni al solfeo, ni a las matemáticas financieras, ni a las nociones de mecánica que alguna vez aprendí les encuentro utilidad en mi vida cotidiana.

¿Para qué sirven? ¿Qué poder tienen?

Más de una vez he pensado que he malgastado años aprendiendo cosas inútiles, porque no veía qué partido podía sacarles.

De niña me peleaba con mi madre porque quería que aprendiese… ¡a bordar! ¡Qué manera de perder el tiempo!

Cuando los ordenadores funcionaban con discos de 5¼”, ahí estaba yo aprendiendo a programar en BASIC. (Los más jóvenes ni sabrán qué es eso.) Ya no me acuerdo de casi nada, por cierto. ¿Dirías que esto también fue tiempo perdido?

Lo que sabes, sirve

Si no usas el conocimiento, no sirve. Vale. Pero las oportunidades que tienes para usarlo son tantas, que lo difícil es que el saber se quede muerto.

1. Cada cosa nueva que aprendes se conecta con lo que ya sabes. Por ejemplo, cuando yo tuve mi primer ordenador ya no se usaba el BASIC. Pero me costó poquísimo aprender a manejarlo. De alguna manera, entendía cómo “pensaba” la máquina.

2. Lo que sabes tiene usos insospechados. Mis horas estudiando cálculo financiero no me sirvieron para trabajar en un banco, pero sí me ayudaron a entender las noticias de los informativos o de los periódicos.

Esos saberes, aparentemente inútiles, pueden ayudarte a entrar en conversaciones sobre el tema; a ayudar a otra persona a entender algún concepto o a descifrar más fácilmente contratos, impresos, panfletos… o cualquier “misterio” relacionado con lo que sabes.

3. El saber amplía horizontes. La indigesta teoría de la música no hizo de mí una artista. Sin embargo, me ayudó a bucear por mundos musicales hasta encontrar un estilo del que me enamoré perdidamente: la música barroca.

Muchas veces aprendes algo que crees que es un tostón y, gracias a eso, tienes acceso a experiencias gratificantes.

4. Casi todos los saberes aportan beneficios secundarios. No existen eminencias ni estudiosos del bordado, que yo sepa. Más que un cuerpo denso de conocimientos, es una destreza, que yo pensé en su día que su mayor utilidad era la de contribuir al ajuar de una mocita casadera.

Sin embargo, bordar es mucho más: Ejercita la motricidad fina y la coordinación óculo-manual; sirve para desarrollar paciencia, para aprender a concentrarse y para relajarse. Con decirte que, ya crecidita, muchas tardes bordaba por gusto…

Conclusión: El conocimiento, si lo usas, es poder. Si no lo usas, es saber muerto. Sin embargo, constantemente tenemos oportunidades para aplicar, reciclar o ampliar lo que sabemos. ¿Qué tal si las aprovechamos?