¿De qué humor despiertas?

¿Cuántas mañanas despiertas tranquilo y contento, ilusionado por empezar el día? ¿Te gustaría que hubiera más así?

Esa sensación es maravillosa. Dan ganas de embotellarla, para poder abrirse en las mañanas más difíciles, en las que te levantas a disgusto y con las energías justas para tirarte de la cama.

Te arreglas. Desayunas. Y el café no te reanima demasiado, porque te pones con tus labores cotidianas luciendo más ojeras que una lechuza y con una expresión de estreñimiento perpetuo que delata cómo te sientes.

Quienes te rodean te preguntan qué te pasa. Tú sientes que estás hecho polvo, pero les contestas: “No, nada…”

Durante el día te falta concentración. A pesar de ello, sigues tirando del carro; cumpliendo con lo tuyo.

Así, hasta que llega la hora de dormir y te acuestas esperando recuperar energías. Pero no descansas a pierna suelta y, lo peor, al día siguiente vuelves a despertar de capa caída.

fastidiado al despertar

Todo sería más sencillo si lograras despertar contento, sintiéndote bien. Ya, pero como no está la botellita con la alegría guardada de otros despertares, tienes que buscar otras opciones para subir los ánimos.

Cansado, estresado, malhumorado…

Para empezar, ¿cómo te sientes realmente?

  • ¿Triste?
  • ¿Cansado?
  • ¿Desmotivado?
  • ¿Harto de que el mundo esté en tu contra?
  • ¿Desgastado en tus relaciones con otros?
  • ¿Todo lo anterior?

De vez en cuando, todos despertamos con el pie izquierdo. No pasa nada. Cuando hay que actuar es cuando esas sensaciones se hacen más frecuentes.

¿Es tu caso? ¿Hay muchos más días malos que buenos? Pues, ¡haz algo!

Sugerencias para despertar de mejores ánimos

1. Atiende a tu cuerpo. ¿Qué tal si te haces un chequeo para descartar un problema orgánico? No seas tan negligente para ir al médico como una que yo conozco.

2. Aliméntate bien. Sobra decir porqué. Que no falten alimentos frescos en tu dieta. ¡Ah! Y, por supuesto, agua.

3. Haz ejercicio regularmente. Al menos, un paseíto diario.

4. Interactúa con los demás. Habla con la gente; con tus amigos, con tus conocidos, con el compañero que toma el ascensor contigo, etc. Esto también repercute en tu estado emocional. No tienes que hablar más que una cotorra. Tú me entiendes. El chiste es que no te encierres en ti mismo.

5. Escucha tus conversaciones; lo que te dices a ti mismo y lo que dices a los demás. Presta atención, por si eres tú quien está generando ese mal humor y no te has dado cuenta.

6. Sé generoso. Aprovecha esas ocasiones en las que está en tu mano hacer que otro se sienta mejor. Echa un cable. Regala tu sonrisa al necesitado (a todos nos hace falta, por cierto). Los gestos de este tipo también hacen que te sientas bien contigo.

7. Practica un hobby. Elige una actividad que te guste, hazle sitio en tu agenda… ¡y vívela!

Ya verás que, si pones de tu parte y llevas a cabo esas ideas, los días en los que despiertas de buen ánimo comienzan a sumar y sumar.

Imagen de bark.