Elige bien a quién le cuentas tus penas

Es muy frustrante abrir tu corazón a alguien que no quiere ponerse en tu lugar.

Tienes un problema y se lo comentas a alguien del entorno. Quizás, porque esta misma persona te pregunta: “¿Qué te pasa?

En ese momento, te sientes presionado, cansado, triste… y compartes tu malestar, con la esperanza de que serás escuchado, reconfortado. Tal vez, para recibir un consejo.

corazón roto

Pero te sale mal. Porque no te sientes escuchado, ni comprendido ni reconfortado. Y el consejo que recibes es el que se le daría a un tonto.

Pongamos que te sientes estresado en un trabajo o en cualquier objetivo en el que has puesto toda tu ilusión. Vives una racha difícil, de ésas que tenemos todos.

Pues, en lugar de escuchar de esta persona palabras de ánimo o ideas para organizarte en tu día a día, ¿qué es lo que te dice?: Deja el trabajo.

Da igual si es otra cosa. Lo que escuchas es: Deja el gimnasio. Deja a tu mascota. Deja la dieta. Deja… (lo que sea). Y fin del problema.

Es como si no contaran tus sentimientos y lo importante que es eso que estás haciendo para ti.

¿Te ha pasado? Claro que te sientes muy mal, incluso aunque el consejo sea bueno. Lo que más fastidia es la falta de empatía de alguien que, se supone, te ha preguntado cómo estás porque quiere escucharte.

No le pidas peras al olmo

Hay personas que no están verdaderamente interesadas en ayudarte. Preguntan cómo te sientes porque queda bien hacerlo.

Otras, aunque quieran ayudarte, no pueden conectar contigo. Quizás no les es fácil, por buena intención que tengan.

Tenlo en cuenta para evitar ese amargor en el pecho por no sentirte comprendido. Déjalo estar. No te desgastes. Disculpa a quien no sabe escuchar.

Y, la próxima vez, elige bien a quién vas a abrir tu corazón.

Imagen de WolfS♡ul