Lo que ves en el espejo

¿Qué sientes cuando te miras al espejo? ¿Estás cómodo con la imagen que refleja? ¿Crees que tu opinión sobre lo que ves está contaminada por lo que otros dicen que es bello… o que es feo?

Ahí estás tú, prestándoles atención a las nuevas arruguitas y a tu piel, que luce hoy un poco apagada. Más grave es lo de tu nariz, indisimulablemente grande. Ésa cada día te tiene más a disgusto.

mujer ante el espejoY, digo yo, ¿es que los ojos o los labios bonitos no se ven en el espejo? ¿Por qué las imperfecciones son las que se roban más atención?

Peor todavía, ¿por qué permites que te definan?

¡Gorda! ¡Pelón! ¡Narizotas!

Lo que no sale en el espejo

En el espejo ves tu superficie, no tu esencia. Y no sé qué preferirás tú, pero yo llevaría mejor tener una nariz grande o espantosa, antes que un corazón podrido de rencor, por ejemplo.

Eres como un regalo. ¿Para qué quieres la envoltura perfecta, si luego quien “te abra” va a encontrarse con un trozo de… (puafff… qué horror)?

¿A ti te define tu envoltura o lo que hay dentro? ¿Te quedas con la caja, bonita y bien decorada, o con el regalo en sí?

El espejo muestra una parte de ti, la más superficial. Ésa misma que ven los que te miran a distancia.

Descubriendo tu belleza

Quienes estamos cerca de ti, vemos más cosas que la simple envoltura.

Abrimos el regalo y descubrimos la inocencia en tu mirada, la firmeza en las palabras que salen de tus labios, la ternura con la que tus manos acarician a un pequeñín… y tantas cosas bellas que no se ven a simple vista.

¿Por qué no las tienes en cuenta la próxima vez que contemples tu imagen en un espejo? ¿Qué hay detrás de esa envoltura?