3 Ideas que te ayudarán a cambiar ese hábito

¿Quién no ha intentado alguna vez deshacerse de un mal hábito? Quizás te has encontrado con alguno que fuera particularmente difícil de romper.

Es que, cuando llevas mucho tiempo repitiendo la misma acción, el hábito se adhiere de tal forma en tu día a día que cuesta desprenderse de él.

Es al estar metido en el cambio cuando aprendes que has de tener mucha paciencia y consideración contigo mismo, ante los errores o recaídas que puedan producirse.

Eso es lo básico.

hábitos improductivos

Y también puedes poner a prueba (entre otras) estas ideas que vamos a ver, por si te resultan efectivas a la hora de decir adiós a un mal hábito que ya no quieres en tu vida.

1. Intenta sustituir el hábito “malo” por uno “bueno”

Sustituir un hábito es más fácil que eliminarlo. Porque, cuando dejas de repetir una acción cotidiana, se queda un “hueco”, un tiempo en el que estarás haciendo algo distinto a lo que quieres evitar.

Por ejemplo: Te propones recortar el tiempo que pasas frente a la televisión. Decides que por la tarde no vas a verla. Ahí tienes dos horas (supongamos) que vas a dedicar a otra cosa.

Pues, ya que tienes la ocasión y el espacio, ¿qué tal si aprovechas para adquirir un hábito “bueno” que sustituya al anterior? Puedes leer, cocinar, hacer yoga, aprender chino… Lo que quieras.

2. Elige un hábito que ocupe el mismo tiempo

Intenta que, más o menos, el hábito que va a sustituir al “malo” ocupe la misma fracción de tiempo.

Con el ejemplo de la tele se ve claro. Le quitas dos horas y se las das a un hobby constructivo. Pero, ¿y si el hábito que quieres eliminar lo repites varias veces durante el día?

Hay muchos de éstos: Fumar X cigarrillos, tomar varios cafés, hacer llamadas telefónicas, visitar Facebook, decir malas palabras en cada frase… Supongamos que es una acción repetida a lo largo del día. ¿Qué haces, entonces?

En ese caso, la propuesta es que elijas una acción que puedas repetir durante el día y sustituya a la que quieres evitar.

Por ejemplo: Puedes sustituir los cafés por agua (como yo estoy haciendo). Los cigarrillos, por flexiones. Las malas palabras, por… “¡cáspita!”

Son sugerencias. Aquí es tu creatividad la que manda.

Piensa qué puede rellenar el hueco que deja el mal hábito, para que tu rutina cotidiana quede más o menos igual. Porque, si no lo llenas, hay más probabilidades de que caigas otra vez en los viejos vicios.

3. Trata de obtener el mismo beneficio con el nuevo hábito

Todos los hábitos que tenemos satisfacen una necesidad. Luego, tendrás que descubrir qué hay detrás del hábito “malo”: ¿Para qué lo haces? ¿Qué beneficios te reporta? ¿Lo haces por placer, por entretenimiento, por aburrimiento, para relajarte…?

Cuando sabes qué recompensa obtienes con un hábito “malo” es más fácil elegir una conducta alternativa que te aporte un beneficio similar.

Por ejemplo: Si ves la tele para relajarte, elegirás una actividad relajante que sustituya a ésa (como la lectura). Si la ves porque estás solo por las tardes, quizás se te ocurra apuntarte a un gimnasio. Qué sé yo.

Esto es importante. Es muy difícil dejar un hábito que, aunque sea “malo”, te da lo que quieres, por otro que no satisface esa necesidad. Porque, en unos días, estarás hasta el moño y deseando fervientemente volver a “lo malo conocido”.

 

Para terminar: No olvides la paciencia. Afianzar un nuevo hábito saludable (que sustituya a las malas mañas) lleva su tiempo.

Pero, que es posible librarse de malos hábitos y diseñar cómo quieres que sea tu vida diaria, dalo por sentado. Tú (y nadie más que tú) eres quien decide qué incorporar y qué desechar de tu vida.

Imagen de striatic