Paso a paso, hasta el fin del mundo

Estás muy ilusionado porque te has planteado una meta ambiciosa. Ambiciosa como llegar a la China a pie. Tan exigente que, cuando prestas atención a todo el trabajo que te espera, empieza a desinflarse tu entusiasmo inicial.

Quieres perder 50 kilos de peso. O ganar un millón de euros. O leerte las obras completas de un autor. O estudiar una carrera. O, bajando un poco el listón, sacar un sobresaliente en el próximo examen que tienes.

Cuando te das cuenta del trabajo que eso representa, surgen las dudas, la parálisis, los retrasos, la procrastinación… y te vienes abajo.

pequeños pasos

Haz que ocurra

  • No pienses en perder 50 kilos. Piensa en perder el primero.
  • No pienses en ganar un millón de euros. Piensa en cómo ganar el primero.
  • No pienses en leerte docenas de libros. Piensa en leer el primer capítulo.
  • No te abrumes pensando en todo el material que tienes que estudiar. Comienza por el primer tema.

En definitiva, transforma esas metas ambiciosas en pasos asequibles, realizables.

Eso no significa que pierdas de vista el objetivo grande, el principal. Lo que quiere decir es que lo vas a dividir en trocitos, para irlos conquistando poco a poco.

Dado un paso, lo celebras y pasas al siguiente. Así, hasta llegar… ¡a la China, si lo quieres! Déjate motivar por las pequeñas conquistas que vayas realizando hasta llegar a la meta final.

Divide y vencerás

Para hacer eso, obviamente, tienes que tener claro y bien definido el “objetivo grande”. Y, a partir de ahí, dividirlo en sub-objetivos o pasos.

Si los pasos se ajustan bien a lo que puedes realizar, terminado uno, vas al siguiente. ¿Te equivocas y los pasos no quedan a medida? Modificas la división hasta que se adapta a ti.

Ponte que, por ejemplo, a mí me da por escribir un artículo muy extenso sobre un tema. Lo voy dejando, porque es difícil, largo y es un tostón echarle tantas horas seguidas.

Pero, si ese mismo artículo, lo estructuro y lo divido para dedicarle cinco minutos (sólo 5) cada día, al final lo escribo… y ni me entero del esfuerzo.

Lo mismo pasa con multitud de objetivos. Los divides en tareas pequeñitas y el avance es más sencillo. Es más, a veces no estás de humor y, cuando les das cinco minutos, comienzas a encontrarte mejor y sigues adelante.

 

Sé que hablo mucho de la filosofía de lo pequeño, del paso a paso. Eso es porque, si algo me gustaría que quedase de este blog, es esta idea: Que lo que nos parece grande o difícil se puede hacer.

Seguramente te encuentres esta misma idea más veces por aquí aplicada a multitud de cuestiones. ¡Porque funciona! Poco a poco, paso a paso puedes llegar… muy, muy lejos.

Imagen de Jeezny