¿Estás decidido a arruinarte el día?

Este día amanece plomizo. Parece que te encuentras en un lugar donde se acaba de producir un atraco de sonrisas, a juzgar por la abundancia de rostros tristones con los que te cruzas.

Interactúas con el personal y persisten las malas caras. Prisas, empujones, antipatía a raudales.

Tu pareja se levanta con el pie izquierdo. Tras dos o tres gruñidos, sale dando un portazo.

Tu jefe te echa la culpa de un error que ha cometido él mismo. (Mira qué bien.)

Lees el e-mail de un cliente que perdió la educación el día en el que le conectaron el Internet. (Qué tipo tan desagradable…)

Los de la grúa se llevan tu coche. Tus compañeros se ríen mientras lo contemplan. Es lo más divertido que ha pasado por sus cabezas durante la mañana.

¿Pueden todos o alguno de ellos arruinarte el día?

muy mal humor

No, no pueden. A priori, la única persona con poder para arruinarte el día eres tú.

Tú decides arruinártelo cuando permites que todos esos gestos y palabras calen en ti. O decides quedarte al margen de tanto borderío y ponerte a hacer lo tuyo, sin que la mala leche o las tonterías de otros se apropien de tu tiempo y de tu energía.

Es su decisión, a fin de cuentas. Si ellos quieren estar amargados, vale. Que lo estén.

Tú no tienes porqué dejarte empapar por su negatividad. ¡Impermeabilízate!

Sí, ya sé que es difícil. Y, algunos días, prácticamente imposible. Pero, a fuerza de practicar, cada vez se tiene más soltura.

Conclusión: No dejes que otros te arruinen el día. Ése es trabajo tuyo. La cuestión es: ¿quieres hacerlo?

¡Oh! Tampoco te preocupes demasiado si se te pega un poquito de amargura. Eres humano, después de todo. Lo bueno es que tienes tus recursos para sacudirte las malas vibraciones y remontar los ánimos, en caso de que falle el impermeable.

Imagen de Veronica Belmont

Si te gusta la entrada, comparte, por favor...