Hasta lo más pesado se echa de menos

Hay multitud de momentos que se tornan pesados a fuerza de repetirlos una y otra vez.

  • Cansan actividades cotidianas y triviales, como preparar la ropa, hacer la compra o limpiar la cocina.
  • Cansan las actividades productivas, ésas que se alinean con los objetivos que quieres conseguir: el trabajo, el ejercicio físico o el taller al que te apuntaste hace semanas con toda la motivación del mundo.
  • Incluso cansa la diversión, si se repite demasiado. Ir siempre a los mismos lugares durante el fin de semana o jugar al videojuego que en su día te pareció el más excitante del mercado.

De cualquier cosa puedes sentirte cansado, por buena y placentera que sea.

Hasta que un día, por cualquier razón, te ves privado de esa actividad “cansina” y la echas de menos.

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Quizás baste un problema de salud, por ejemplo, para sacarte de la jugada:

  • Ya no tienes que limpiar la cocina ni que hacer la colada. Pero te encantaría poder hacerlo.
  • No tienes que ir a trabajar ni que sudar en un deporte. Y es cuando más te apetece tener la energía para hacer ese esfuerzo.
  • Te libras de los mismos aburridos planes del fin de semana. No obstante, cambiarías esos días de reposo en casa por poder salir con tus amigos.

Y, quien dice un problema de salud, dice cualquier otra circunstancia que te saque de la apacibilidad de tu rutina.

La sacudida que te ayuda a valorar lo que tienes

A mí me encanta escribir. Es una actividad que cada día disfruto más. Sin embargo, a días me canso, me desmotivo…

Intento no caer en la monotonía. Hacer la actividad variada y estimulante. Pongo de mi parte para alimentar la motivación y, cuando ésta no remonta, me apego al hábito, a la disciplina.

Así voy sorteando los días en los que me siento más cansada. Supongo que a ti te pasa algo parecido con tus actividades preferidas.

Sin embargo, como te digo, muchas veces la vida nos sacude con sus imprevistos. Llegan días en los que no puedo escribir y son justamente ésos en los que “me muero” por hacerlo.

Qué gracia que, cuando NO puedes, es cuando más lo echas de menos; cuando más valoras la actividad y cuando más motivado estás.

Se puede echar de menos hasta pasar la tarde haciendo tareas domésticas en el hogar. Cuánto más no se extraña una actividad que amas cuando te ves privado de hacerla…

Una recarga automática en motivación

Esos inconvenientes que te dejan fuera de juego y rompen tu rutina no son tan malos después de todo.

En tu vida cotidiana muchas veces tienes que tirar de creatividad para motivarte y hacer que las actividades sean interesantes. Pero un suceso imprevisto (como el de ponerte enfermo) consigue esto de manera automática.

Estás deseando restablecerte para volver a tu vida “normal”. Tu motivación crece automáticamente.

Moraleja: No podemos evitar que, de vez en cuando, nuestra rutina se vea sacudida por un suceso indeseable o imprevisto.

Pero sí podemos valorar ese aspecto positivo de que ocurra:  Nos ayuda a apreciar nuestras actividades (las que sean) y a volver a ellas con más ganas.

Imagen de peddhapati