¿La preocupación te protege de las cosas que temes?

No dejas de pensar sobre una situación venidera. Quizás eso te hace prepararte mejor para cuando tengas que afrontarla. Pero, lamentablemente, tu preocupación no impedirá que ocurra lo que temes.

Lo que ha de llegar, llegará.

Por mucho que te preocupes, lo que temes llegará.

Llegará la fecha del examen. Llegará el día de la intervención quirúrgica (en mi caso). Llegará el día de tu boda. Llegará el día de despedirse de este mundo.

Ya lo sabes. ¿Para qué angustiarte, entonces?

miedo

El problema es que la mente va por libre cuando los pensamientos son alimentados por la ansiedad. Permaneces atento esperando divisar “lo peor” en el horizonte. Estás tenso de aquí a que llegue.

No puedes dejar de preocuparte. Tienes la sensación de que preocuparte sirve para aminorar el golpe o para evitar ser sorprendido y que ocurra algo peor que lo que has imaginado.

Te sientes “protegido” mientras piensas en lo que viene. Aunque el precio que pagas es alto, una pesada carga. Sufres, te cansas, te desgastas… y no hay necesidad.

Un poquito de preocupación denota interés hacia el asunto en el que está volcada. Esto es prácticamente inevitable.

No obstante, sí puedes evitar que la preocupación crezca descontrolada, que los pensamientos negativos se multipliquen. Porque nada de eso cambiará la situación.

Pasa a la acción

La preocupación brinda una falsa sensación de protección y no evita lo que temes. Lo que sí hace es fatigarte y que la ansiedad se te dispare.

En definitiva, no sirve para nada (útil).

En lugar de tanto angustiarte pensando, ACTÚA. Si está en tu mano hacer algo para que la situación se resuelva a tu favor, hazlo.

Cuando estés dando vueltas sobre un problema, reconoce los pensamientos que no contribuyen en nada a su solución; ésos que sólo alimentan tus temores. Y hazlos a un lado.

Recurre al sentido común. Quédate con los pensamientos que sí te sirvan para actuar sobre lo que te preocupa… Y ponte en marcha.

Si lo que va a pasar es inevitable (como una cita con el dentista), lo afrontarás con más energía y te ahorrarás bastante sufrimiento.

Es una sugerencia. En caso de que vayas a ponerla en práctica, no te presiones si no te sale bien al primer intento. Es difícil dejar de preocuparse como quien apaga un interruptor.

Pero si, una y otra vez, vas poniendo coto a tus preocupaciones, al final serás tú quien domine sobre ellas (no al revés).

He aquí una razón: La preocupación, por sí sola, no evita lo que va a pasar. Si necesitas más razones para no preocuparte, échales un vistazo a estas cinco.

Imagen de stuant63