¿Qué tienen que ver los buenos hábitos con la autoestima?

Mucho. Cuando adquieres buenos hábitos, lo haces porque te respetas, porque te importas y, por eso mismo, quieres tratarte bien.

También puede ser que inicies un buen hábito (como correr, por ejemplo) sólo porque está de moda. Pero, para no complicarnos, nos quedaremos con la idea del primer párrafo.

Piensa en un amigo o en otra persona que quieras mucho. Él/ella te pide un favor y tú decides hacerle un hueco para ayudarle. Puedes hacerlo y quieres hacerlo. ¿Por qué? Porque quieres que esté bien.

¿Y tú? ¿Te tratas igual que al amigo que te pide un favor? ¿Te importas? ¿Te quieres?

La forma en que te tratas a ti mismo refleja cuánto te respetas, cuánto te importas.

cuidar la salud

Si te quieres a ti mismo es más fácil construir buenos hábitos (no imprescindible), porque te comportas como un amigo que quiere lo mejor para ti.

Y al revés también funciona: Al construir buenos hábitos, comienzas a estar más a gusto contigo mismo. Te sientes mejor.

Ahora va la parte más impopular de todas: Establecer un hábito en tu vida requiere constancia. Sí, un poquito de disciplina (que es una palabra que a muchos les da alergia).

Puedes avanzar despacio; un pequeño paso tras otro. Pero el esfuerzo no hay quien te lo quite. Has de hacerlo tú, hacerlo por ti, para ti.

  • ¿Te importa dormir bien?
  • ¿Te importa salir bien aseado y vestido a la calle?
  • ¿Te importa ser amable contigo?

Cualquier hábito saludable que se te pase por la cabeza supondrá un poco de trabajo por tu parte con su dosis de constancia. Eso sí, el esfuerzo que haces para estar mejor tiene su recompensa.

Plantéatelo de esta manera la próxima vez que no tengas ganas de madrugar, de hacer ejercicio o de practicar ese hábito con el que llevas unos días: Tú te mereces ese esfuerzo que haces.

Sí, te lo mereces, como ese amigo al que le brindas tu mano con tal de que se sienta mejor.

Y, como te importas, harás ese esfuerzo por ti, para ti. 😉

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