¿Concedes el beneficio de la duda?

¿Desconfías de los demás? ¿No te fías ni de tu padre?

En esta entrada vamos a ver lo que ganas cuando concedes el beneficio de la duda. Esto es, cuando eliges pensar que el otro es buena gente (o que no es malo), mientras no demuestra lo contrario.

Es verdad que ahí fuera hay personas extremadamente egoístas, a quienes no les importa llevarse por delante a quien sea con tal de lograr lo que quieren. Las hay hasta de ésas que disfrutan infligiendo daño a los demás.

Si te cruzas con un individuo de éstos y te consta que es mala persona, date la vuelta y camina en sentido contrario.

dudas

A los demás (que son mayoría) dales el beneficio de la duda, como te gustaría que lo hicieran contigo. ¿Por qué?

Porque la mayoría no somos malos. Somos personas que, simplemente, queremos ser felices. Como humanos, cometemos errores y tomamos decisiones espantosas de vez en cuando.

Es poco acertado desconfiar de todos; atribuirles una intención siniestra y estar a la defensiva todo el tiempo.

A ellos no les das la oportunidad de mostrarse como son. Y a ti también te daña esa actitud.

Ya me dirás… No es muy relajante pensar que cualquiera puede ser el enemigo y jugártela en cuanto bajes la guardia. ¿Cómo se vive en paz en un mundo tan hostil? ¿Cómo conectas con los demás, si no te fías de ellos?

Considera estas razones para conceder el beneficio de la duda, especialmente a las nuevas personas que conozcas:

1. Tú mismo puedes hacer que una mala impresión se haga realidad.

Tus juicios prematuros sobre cómo es una persona (que apenas conoces) influyen en cómo te comportas con él/ella.

Tratarás mejor a alguien que te da buena espina, que a una persona de quien sospechas que es mala gente.

Si crees que el tipo es un desgraciado, antipático, egoísta… tú mismo estarás más distante y antipático. Y, además, cualquier acción (de las tantas que realice esta persona) puede servirte para confirmar tu primera impresión.

– Mira, mira. Se ha colado en el baño, con la fila de gente que había para usarlo. ¡Qué egoísta es!

(Puede que le haya dado un apretón a la criatura, pero tú ya ibas predispuesto a pensar que es un desgraciado.)

El círculo se cierra cuando esta persona capta que no te cae bien y comienza a ser antipático contigo.

La historia podría haber sido distinta si tú no hubieras pensado tan mal de él. O puede que no… Ésa es la duda. Podrías haberte llevado muy bien con él, después de conocerlo mejor.

En definitiva, también eres tú el perjudicado cuando tienes expectativas tan negativas sobre los demás.

juez

2. Es un error juzgar a una persona por una acción sin considerar las circunstancias en las que se produce.

– Qué agresivo es ese tipo. ¿Has visto qué portazo ha dado al salir?

Bueno, quizás pudo haberse ahorrado el portazo. Pero eso sólo no lo hace “agresivo”. Lo que tú no sabes es que se acaba de enterar de que su mujer se ha fugado con el vecino.

Vaya ejemplo… Podría haber puesto otro.

El caso es que muchas veces se etiqueta al sospechoso de: listo, malo, idiota o buenazo, a tenor de una única acción, tras la cual hay motivos que no conocemos.

Sí, yo también. Y esto nos priva de entender (o de intentar comprender) a esas personas. Nos negamos la oportunidad de pensar más allá y esto también nos perjudica en las relaciones… y en todo lo demás.

abrazándose

3. Ser más benévolo con otros facilita que también lo seas contigo mismo.

La gente comete errores; patina en soberanas insensateces; toma decisiones que no tienen ni pies ni cabeza… ¿Y acaso tú y yo no hemos hecho lo mismo?

Es frecuente que una persona que tiende a pensar mal de los demás sea también muy dura consigo misma. Tiene que ponerse el listón muy alto, para no caer en los mismos fallos y “malas mañas” que el resto de los mortales.

Eso, o tirar de hipocresía, justificando ante los demás o ante sí mismo esos errores que condena en los demás.

Así es difícil tener la conciencia en paz. Es complicado perdonarse uno mismo por ser un simple humano.

Teniendo este punto en cuenta, ¿en qué ayuda conceder el beneficio de la duda a los demás?

En que estás dispuesto a entender a la persona antes de ponerle la etiqueta de “mala”. Aceptarás que comete errores o que va a pensar o a comportarse de un modo que a ti no te gusta, sin que ello signifique que sea mala persona.

Y esa actitud es una puerta que abres para ser también más comprensivo contigo, más justo.

¿Te valen estos argumentos?

En resumen, si no sabes qué pensar sobre alguien, dale el beneficio de la duda. Si juega sucio, ya sabes para la próxima. Y, si te sorprende para bien, eso que ganas.

Imágenes de UvaFragola, Vectorportal y Defence Images