Cuidar de ti no es elegir siempre el camino fácil

Un almuerzo delicioso. Una siesta bajo un árbol. Un paseo para contemplar las estrellas… Llevas a cabo esas acciones para cuidar de ti. Y, con algunas de ellas, resulta que estás haciendo lo contrario: des-cuidarte.

A continuación veremos que no siempre que te regalas una satisfacción inmediata estás cuidando de ti.

La manera más sencilla y rápida de exponer este asunto es con ejemplos.

pastelito

El premio de la comida

Terminas con un proyecto en el que te llevas semanas esforzándote de lo lindo y decides celebrarlo con un banquetazo de los que hacen historia.

¿Crees que con el exceso de vino y viandas estás cuidando de ti? Parece más bien un castigo contra tu cuerpo. ¿Te suena el refrán que dice: “De grandes cenas, están las sepulturas llenas.”? Pues, eso.

Más de comida:

Ese pastelito entra por los ojos. ¡Pa’ dentro! El jamón huele que alimenta. ¡Pa’ mí! Esa fuente está diciendo a gritos: ¡Cómeme! Y tú le haces caso.

Te dejas llevar por la sensual gula. Porque, ¿cómo vas a negarle a tu cuerpo esas delicias?

De vez en cuando, no te digo nada. Pero, si acostumbras a recompensarte con comida y a picotear chucherías cuando no tienes hambre, no estás cuidando de ti. Estás satisfaciendo un capricho y punto.

teleadicto

Mereces algo mejor que el placer del momento

Cuidar de ti no consiste siempre en hacer lo que más te apetece en ese momento. Es más. Hay veces en las que, para cuidarte, has de elegir la opción más difícil, la que más te cuesta o te asusta.

No te vas a dormir, porque la película está interesantísima. Lástima que todo lo bueno en la tele lo pongan a esas horas…

Te quedas en la cama, porque hace frío y tu cuerpo está cansado. Al pobre lo acuestas muy tarde.

Anulas la cita con el dentista. Sabes que eso duele. Te da pavor que se te acerque a la cara con el torno. No quieres darte un disgusto tan grande.

¿Te mereces esos momentos de calma o disfrute? Desde luego.

No obstante, la próxima vez de que te auto-convenzas de que estás haciendo algo bueno para ti, mira un poquito más allá de la inmediatez

Observa las consecuencias de esa acción.

El capricho de ver la tele hasta tarde se traduce en una falta de horas de sueño, que repercutirán de manera negativa en tu salud (y en tu productividad).

Por la satisfacción de quedarte un rato más en la cama, quizás tengas que salir a la carrera para llegar a tiempo al trabajo, con las ojeras de un búho y el estrés por las nubes.

Si continúas ahorrando dinero y malos ratos en el dentista, es probable que tu boca parezca con el tiempo una fosa séptica.

¿Ves? A priori, parece que estás haciendo algo bueno por ti, pero resulta todo lo contrario. Por sumergirte en ciertos caprichos momentáneos te estás descuidando.

Que sí. Todos hacemos esas cosas. Seguramente, yo te gano en este tipo de descuidos. Eso no quita que nos sinceremos en esta cuestión.

La tentación del momento, lo más cómodo, lo más fácil… no es siempre lo más beneficioso. En muchas ocasiones, lo mejor es lo más difícil de hacer:

  • Madrugar sin pizca de ganas.
  • Levantarte del sofá y salir a correr.
  • Moderarte en las comidas.
  • Cumplir con tu hora de práctica diaria con el piano.
  • Mantener la cartera cerrada, si lo que vas a comprar se sale del presupuesto.

Todo eso es más difícil que sucumbir al placer del momento y son acciones con las que, realmente, estás cuidando de ti.

Son ejemplos, ¿eh? Tú eres quien decide qué hacer, porqué y si es bueno o no. A ti te corresponde tomar esas pequeñas decisiones cotidianas.

Concluyendo: ¿Qué tal si nos planteamos qué consecuencias tienen esos pequeños gustos que nos damos? ¿Nos estamos cuidando con ellos… o vamos en sentido contrario?

Imagen de @alviseni