¿Trabajas tanto como te parece?

¿Cuántas horas trabajas al día? ¿Son muchas? ¿Y cuántas de ellas dirías que empleas en el trabajo verdaderamente productivo?

Hay un experimento que puedes hacer para responder a esas preguntas: Anotar las tareas que haces durante el día con la mayor precisión posible.

Puede que, cuando lleves unos días anotando en qué inviertes tu tiempo, te lleves una sorpresa, como me ha pasado a mí.

Así descubrí que una cosa es trabajar y otra, muy distinta, es ser productivo.

trabajo sentado

Según yo, estaba echándole al trabajo más horas que un reloj. Pero me di cuenta de que al trabajo verdaderamente importante no le estaba dedicando tanto tiempo.

Hablo de escribir, en mi caso. Se supone que ésa es la actividad principal. Y la gracia es que la tenía rodeada de tareas secundarias: responder comentarios, llamadas o e-mails, hacer ajustes técnicos, leer demasiados artículos, etc.

Todas esas tareas secundarias me hacían sentir más productiva de lo que era en realidad. Y fue bueno darme cuenta.

Porque ahora mismo (que, por cuestiones de salud, trabajo sólo cuatro horas al día, como mucho) estoy “produciendo” lo mismo que cuando trabajaba ocho.

¿Cómo ser igual de productivo trabajando la mitad de horas?

No es tan sencillo. Ya lo decíamos por aquí: Razones por las que es más difícil trabajar menos que trabajar más.

Para trabajar menos, hay que diseñar un plan de trabajo… y cumplirlo. El mío se basa en lo siguiente:

1. Decidir un horario. ¿Cuántas horas le puedes dedicar al trabajo? ¿Sólo cuatro? Pues, como pasa con el dinero, toca ceñirse al presupuesto.

Ése será un tiempo en el que trabajarás concentrado y con buen ritmo.

2. Encajar en él las actividades más importantes. Como el tiempo es limitado, hay que seleccionar muy bien lo que va a hacerse y a qué hora.

Por ejemplo, tienes tres tareas importantes. Pues, según su dificultad y tu disposición, les asignas su fragmento de tiempo: A las 9:00, tarea 1; a las 10:00, tarea 2 y a las 16:00, tarea 3.

3. Cumplir con los mínimos religiosamente. No vale cambiar las tareas de hueco o dejarlas para mañana. Y tampoco vale prorrogar el tiempo de trabajo. Cada día, has de cumplir el horario.

¿Qué pasa si te distraes o si no te da tiempo? Rehaces el horario y lo adaptas a ti.

4. Colocar las tareas secundarias en las “esquinas”. Lo que no sea tan importante, hazlo al final. O coloca algunas tareas entre los huecos “intocables” destinados a lo importante.

Simplificando, es cuestión de redistribuir tareas y de aprovechar bien los momentos en los que tienes más energía. El resultado es que trabajas menos horas y haces más o menos lo mismo.

Y, sí. El sistema éste tiene fallos: Hay días en los que no te concentras; otros en los que ocurre cualquier imprevisto, etc. Pero igual ocurren en jornadas de trabajo más largas.

Eso no quiere decir que no sea bueno. Para mí, sí funciona.

¿Y tú? ¿Has tomado nota de cómo empleas tu tiempo de trabajo? ¿Se te ocurre alguna manera de optimizarlo?

Sigue probando, si aún no has dado con la tecla. Tarde o temprano, la encontrarás. 😀

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