Una vida mejor

En la vida de cada uno de nosotros hay aspectos que nos gustaría que fueran un poquito mejor. Por eso tenemos proyectos en perspectiva. Y nos levantamos cada día dispuestos a aprender, a avanzar y a aprovechar las oportunidades. Eso es estupendo.

No obstante, nuestro afán de mejora no es excusa para dejar de apreciar nuestra vida tal y como está en este momento.

Hubo un tiempo en el que yo estaba muy descontenta con mi vida. Para mí, era un soberano desastre. Y también me preocupaba que así lo creyeran las personas que me rodeaban. Su opinión era crucial para mí.

Me esforzaba enormemente para avanzar hacia “una vida mejor”: En la que se me reconociera y se me valorase; en la que me quisieran tal como soy; en la que me descubriera a mí misma como: generosa, inteligente, bella, etc.

Hasta que llegase ese día, pensaba que no podría sentirme feliz.

contenta

¿Cuál es la gracia de esto? Que ese día no ha llegado. O no sé si lo ha hecho, porque ha dejado de ser tan importante para mí que otros me aprueben y me consideren valiosa.

Fui sintiéndome mejor, más contenta, mucho más feliz… cuando quise apreciar la vida tal y como estaba: Imperfecta, con centenares de carencias y de cuestiones que trabajar y pulir.

Y en ésas sigo… Creciendo, aprendiendo, dirigiéndome hacia mis metas. Procurando ser feliz por el camino.

Aunque, lo más desconcertante e imprevisto para mí, ha sido que he avanzado más dándome permiso para ser feliz, para estar contenta y relajada, que cuando me he dejado envolver por preocupación y el descontento.

Si tú también te levantas cada mañana dispuesto a avanzar, te sugiero que pruebes este enfoque, aunque sea sólo por un día. Sólo uno… y te notarás más ligero en el camino:

Sólo por hoy (o por una hora, si te parece mucho tiempo), celebra tu vida. Quiérela y quiérete tú.

Nada pierdes con probar. 😉

Imagen de Samael Kreutz