Ideas para evitar compras impulsivas

Estamos a punto de adentrarnos en unas semanas que, tradicionalmente, son de mucho gasto. ¿Qué tal si nos preparamos para evitar que el dinero se vaya en compras innecesarias?

A veces, llevados por la emoción del momento, incurrimos en compras impulsivas, en objetos o servicios que, una vez pasado el tiempo, hubiéramos decidido no comprar.

He aquí una recopilación de ideas para minimizar las ocasiones en las que eso sucede. Mira si hay alguna que se adapte a tu estilo:

Planea tus compras

Planea lo que vas a comprar, cómo y cuándo, lo mismo que te has acostumbrado a planear tus viajes u otras cuestiones. Ten tus estrategias.

Por ejemplo:

  • Acostumbra a hacerte una lista de lo que necesitas comprar para la semana en el supermercado y síguela.
  • Compra una vez a la semana.
  • Haz un plan de ahorro para comprar esa cosa (la que sea) una vez que tengas el dinero.
  • Compra los regalos de Navidad durante el año. Y los adornos de estas fechas, justo después de que terminen las fiestas.

Adopta los hábitos que prefieras y apégate a ellos. Es lo más eficaz para evitar que tus bolsillos se vacíen en un visto y no visto.

(Además de hacer la clásica lista de lo que necesitas, veamos a continuación otras ideas que quizás las quieras convertir en hábitos.)

regalos de navidad

Compra solo

Puede ser una buena idea si te has dado cuenta de que yendo a comprar con los niños la cuenta se te dispara. O si se dispara cuando vas acompañado de amigos que gastan más de lo que a ti te gustaría.

Cuando vas de compras solo no tienes esas presiones. Y, si quieres que te acompañe alguien, procura que sea una persona que mira muy bien por el dinero y esté satisfecho con su estilo de vida; una persona a quien te gustaría parecerte en ese aspecto.

Limita el tiempo

Date una media hora o lo que tú calcules para hacer la compra y procura terminar en ese tiempo. De ese modo, seguro que no vas paseándote tranquilamente por las estanterías.

No compres cuando estés hambriento

Regla de oro antes de ir a comprar comida, como sabes. Es más probable que compres caprichillos que no están en tu lista, si vas a la tienda con hambre.

Tampoco compres cuando estés cansado o depre

Las emociones incómodas son un peligro para el bolsillo. En un intento de aplacarlas, puedes caer en el típico: “Trabajo dieciocho horas al día. Me merezco esto.”

Desde luego que te lo mereces. Pero quizás te merezcas algo mejor que el placer del momento. Te mereces esa caja de tres kilos de polvorones o ese videojuego. Y también la satisfacción de estar cumpliendo con tus objetivos de salud o de ahorro. ¿Qué es lo que vale más?

Observa si la compra que vas a realizar es un paso atrás en objetivos más importantes: Te propusiste cuidar de tu salud, llegar a fin de mes, ahorrar para las vacaciones o guardar un dinerillo para imprevistos.

Si compras lo que no necesitas, estarás más lejos de esos objetivos.

Al hilo de eso, va el siguiente tip.

Aplaza la compra

En caso de que lo que vayas a comprar no sean artículos de primera necesidad, date una semana o un mes de plazo. Bueno, o unas horas.

Date un tiempo para pensar. O, simplemente, tiempo para que repose el impulso. Pasea, lee, échate una siesta, habla con alguien…

Durante ese tiempo también puedes leer en Internet acerca de las experiencias que otras personas han tenido al comprar ese producto.

Deshazte de un objeto viejo

Adopta la regla de deshacerte de un objeto antes de comprar uno nuevo. Esto te hace más consciente de lo que tienes y, además, previene que acumules tanto en casa.

Compra en efectivo

Cuando te sea posible, paga en efectivo. Parece que el dinero es más “real” cuando tocas las monedas y billetes que cuando pagas con tarjeta.

dinero

Hazte preguntas

Hazte preguntas y más preguntas, como éstas:

  • ¿Lo compras porque lo quieres o porque lo necesitas?
  • ¿Ese objeto va a mejorar tu vida? ¿La hará más fácil o más complicada? ¿Tienes suficiente espacio en casa para él?
  • ¿El dinero de ese artículo puedes dedicarlo a un objetivo más importante?
  • ¿Te hará sentir mejor? ¿Por qué?
  • ¿Existe uno más barato que se adapte a tus necesidades? ¿Podrías comprar uno de segunda mano? ¿Podrías pedirlo prestado para el tiempo en que lo uses?
  • ¿Tienes uno en casa que todavía funciona? Si está averiado, ¿podrías repararlo?

Esas preguntas no son para que te sientas mal contigo mismo, sino para que seas consciente de la compra. Procura ser honesto con las respuestas.

No compres sólo porque es un chollo

Cuidado con las rebajas y los descuentos tentadores. Cuando compras un objeto que no necesitas, estás perdiendo dinero por muy rebajado que esté su precio. Estás quitándole ese dinero a otras cosas, que quizás sean más importantes.

Guarda los recibos

Si haces una compra por impulso, guarda el ticket. Más tarde, al enfriarse la situación, aprovecha para aprender de la misma.

Ten un fondo para tus gastos

Con las compras ocurre lo mismo que con las dietas. Cuando te prohíbes consumir un alimento es cuando más ganas te dan de comértelo. Es muy difícil contener el impulso si te privas a ti mismo de “esa cosa” que tanto te gusta.

¿Solución? No te prives del todo. Destina una partida de tu presupuesto a esos gustos que te das de tanto en tanto.

Las ganas irrefrenables de comprar (y la culpa posterior) disminuyen cuando te das cierto margen y te permites tus caprichillos, sin salirte del fondo que les tienes asignado.

 

Y hasta aquí llegó la recopilación de ideas. ¿Hay alguna que te sirva?

La idea esencial es que compremos con juicio, cuidando de emplear el dinero en consonancia con los objetivos que cada uno tenga. Con el tiempo, lo iremos haciendo cada vez mejor.

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