Van a pensar que eres tonto. ¡Qué catástrofe!

¿Cómo estás tan seguro de lo que otro va a pensar de ti? ¿Con qué indicios cuentas para saber que otro va a rechazarte, a despreciarte, a pisotearte?

Tu intuición fatalista va a estar errada muchas veces. ¿Por qué no la cuestionas?

  • Crees que tu amigo pensará que eres tonto, porque no recuerdas en qué fila dejaste el coche.
  • Crees que tu novia ya no tiene interés en ti o que metiste la pata con ella, sólo porque no te ha llamado a la hora acordada.
  • Crees que eres un inútil, porque te han rechazado en varias entrevistas de trabajo.
  • Crees que tus vecinos te mirarán mal, si sales vestida en esas fachas.
  • Etc.

¿Por qué te hundes a ti mismo antes de que otro lo haga?

Tal vez, te has acostumbrado a hacerlo. Has vivido experiencias de las que extrajiste conclusiones no muy agradables sobre tu persona.

burlas

Ahora te contemplas a través de unas lentes distorsionadas, que crees que son las que usan todos los demás cuando te miran. Y lo peor es que sigues reforzando ese hábito, a fuerza de repetirte una y otra vez las mismas “verdades”.

“Verdades” (así, entre comillas), porque tú no puedes saber lo que otro va a pensar sobre ti a ciencia cierta. Quizás llegue a otra conclusión. O puede que ni se dé el trabajo de pensar en tu persona, porque está más pendiente de lo suyo. (Usualmente, así es.)

El asunto es que lo que crees que otros van a pensar de ti tiene más que ver con lo que tú piensas de ti mismo… que con lo que puedan (o no) pensar realmente.

¿La propuesta saludable del día? Relájate.

Cuando caces a tu pensamiento llegando a la conclusión precipitada de que otro pensará “esto” o “aquello”, ponle un alto.

Deja de volar hacia el futuro o hacia otras mentes, en especial cuando tienes tan pocas pistas o cuando te pones en plan catastrófico.

El esfuerzo no vale la pena. Estás malgastando tu energía, porque lo que tú te imaginas es, seguramente, mucho peor que lo que en realidad pasa por sus cabezas.

Ya te dirán. Ya te enterarás. En el peor de los casos, te rechazarán o te pondrán verde. Por el momento, deja esas conjeturas hasta tener las pruebas en la mano.

Es muy probable que los otros te rechacen o te pongan verde menos veces y con menos dureza de la que tú has mostrado hacia ti.

¿No te parece que va siendo hora de romper con ese hábito?

Imagen de JD Hancock