Ahorrar para las pequeñas compras

La palabra “ahorrar” quizás no sea una de las más emocionantes de nuestro idioma. Según la RAE, viene a significar: reducir o evitar gastos, guardar dinero para el futuro…

Pero ahí estás tú para aderezarla con un entusiasmo mayor al que podría ser su alternativa: “compra ahora y paga después”.

Supongamos que necesitas o quieres:

  • Renovar algún artilugio de la casa (la tele, el microondas…).
  • Tener un fondo para las próximas vacaciones.
  • Matricularte en un cursillo.
  • Hacer un regalo.
  • Celebrar un evento especial de una manera especial (un cumpleaños, boda, etc.).
  • Darte un capricho, en forma de ropa, zapatos, videojuego, ordenador nuevo, bicicleta de montaña… o lo que sea.

En ese momento, tienes la opción de pedir prestado el dinero o la de comprar eso mismo para pagarlo a plazos (con o sin intereses). Y también, la opción de ahorrar el dinero y comprarlo más tarde.

¿Qué ventajas tiene la segunda opción? Apuntemos algunas.

trabajo y dinero

1. Es motivador. (Aquí es donde tú le añades lo emocionante a la palabra “ahorro”.) Fijas o estimas la cantidad que vas a ahorrar y observas que, poco a poco, con cada idea que se te ocurre, vas acercándote al objetivo.

Evitas una compra impulsiva, haces algún trabajo que te recompensan, recibes un dinerillo extra… y todo eso va sumando, a la vez que sumas en satisfacción personal.

2. Es menos estresante. Si surge algún imprevisto, puedes dejar de ahorrar hasta recuperarte. No ocurre así cuando compras a plazos o pides prestado y tienes que pagar a tiempo. Y todavía es peor si acostumbras a comprarlo todo a plazos y se te juntan un montón de facturas.

3. Es más responsable. ¿Otra vez los imprevistos? Pues sí. Paradójicamente, los imprevistos son algo con lo que siempre puedes contar.

Si compras a plazos o pides prestado y, por cualquier razón no puedes pagar, es previsible que esa deuda caiga sobre otra persona. Cuando estás ahorrando, evitas esa posibilidad.

4. Cultivas paciencia. En estos tiempos estamos acostumbrados a tenerlo todo rápido, al instante. Pero también tiene su encanto saber esperar cuando vale la pena.

Ahorrando prescindes de la urgencia, eres más consciente de lo que compras, valoras cada paso que das: Te haces más paciente. Una virtud que compensa, tanto para enfrentarse a vicisitudes cotidianas, como para abordar problemas mayores.

5. Cultivas disciplina. Otra cualidad que vale oro (aunque tampoco suene muy emocionante); se puede trasladar a otros objetivos y, además, sirve de buen ejemplo para los jóvenes que te rodean.

Por último, si te acostumbras a ahorrar para esas pequeñas compras, más fácil te resultará ahorrar para objetivos mayores o más serios, como comprarte un coche o una casa, o tener un fondo para más adelante.

Yo estoy muy agradecida a mis padres, que me inculcaron este hábito de pequeña. Siempre que puedo, ahorro y después compro. Es una costumbre que me da tranquilidad y, sí, también alegría. ¿A ti te gusta ahorrar?