¿Qué haces antes de empezar a trabajar?

¿Qué acostumbras a hacer antes de empezar con tu obligaciones del día? ¿Demoras el momento de empezar?

Yo a veces lo demoro bastante, con la excusa de que estoy “calentando motores”. Llego al lugar de trabajo a la hora prevista. Pero, si no he planificado qué voy a hacer exactamente, tardo bastante en despegar.

Me sirvo un café calentito. Reviso el e-mail o las noticias, por si me he perdido algo interesante. Arreglo un poco el escritorio. Consulto notas, esquemas y lo que hice el día anterior. Y, después, me pregunto: ¿Por dónde sigo? ¿Qué hago ahora?

brújula

Los días que empiezan así no suelen ser muy productivos, sobre todo si se me va el santo al cielo haciendo todo lo anterior. Aunque llegue a mi hora, no empiezo el trabajo “real” hasta pasado un buen rato.

Por el contrario, los días en los que me va mejor son ésos en los que llego e inmediatamente después del desayuno, me pongo con la faena más dura.

¿Cuál es la diferencia entre unos y otros? La organización. Y ésta se refleja en una cadena de hábitos que se ejecutan entre el día anterior y la misma mañana de trabajo.

Hablemos de esos dos momentos clave.

El día anterior

Uno es más dado a procrastinar cuando no tiene un rumbo claro. Si te pasa como a mí, habrás notado la diferencia entre los días que has planeado un poco y los que te has puesto a trabajar atendiendo lo que sale sobre la marcha.

La diferencia la hace un simple esquema. Una pequeña lista de dos o tres cosas importantes que te esperan para el día siguiente.

Antes de dar por acabada tu jornada de trabajo, empleas unos cuantos minutos en identificar qué es lo importante del próximo día; por dónde vas a seguir; cuál es el rumbo a tomar. Ese esquema (flexible, por si surgen imprevistos) te ayudará cuando vuelvas.

Después, te vas a descansar y dejas que la lista repose.

La mañana de trabajo

Amanece al día siguiente. Despiertas. Pones en marcha tu rutina mañanera (el ejercicio, el desayuno… o lo que sea que acostumbres). Llega el momento de ponerte en acción y ahí te encuentras con el esquema que hiciste ayer.

No abres Facebook. No miras el correo ni las noticias. Salvo que surja una emergencia, vas directo a por la primera tarea de la lista. Te cuesta menos, porque sabes la que es y cómo meterle mano.

La terminas. O, por muy mal que te vaya, avanzas con ella. Aunque ocurra un cataclismo o te dé un bajonazo de energía a media mañana, con esta estrategia prácticamente te garantizas que harás algo importante ese día.

La idea es muy sencilla: Preparar un pequeño plan y ejecutarlo al día siguiente.

¿Lo has probado?

A mí me funciona muy bien dejar preparado el terreno el día o las horas de antes. Me pongo a trabajar prácticamente enseguida. Además, terminar pronto una tarea importante me motiva para seguir con las del resto de la lista.

Esa dinámica puede romperse cuando llegan días especiales, vacaciones y demás. Son las ocasiones en las que llego al trabajo y pierdo un rato retomando el hilo y calentando motores, como hoy mismo.

Pues, nada. Retomaré la buena senda y, antes de marcharme, haré un plan para mañana.