Beneficios de la disciplina

Hablemos de una cualidad que, a quienes la desarrollan, les proporciona grandes satisfacciones: la disciplina.

Como todo, en exceso la disciplina pierde sus virtudes. Te conviertes en un individuo cuadriculado, rígido, nada espontáneo. Pero nosotros no vamos a llegar a ese extremo. Nos quedamos con una disciplina moderada, de la que podemos hablar maravillas.

La fuerza de voluntad cobra movimiento

Son las ocho de la mañana. Suena el despertador y a ti no te apetece levantarte para hacer ejercicio. Pero tomas la decisión de hacer lo que te has comprometido a hacer. O, sin pensarlo siquiera, saltas de la cama.

La disciplina es tu fuerza de voluntad puesta en marcha. Es la acción que sigue a la decisión que has tomado: la de hacer a un lado el placer momentáneo para lograr algo más valioso.

ejercitar la fuerza de voluntad

No sales de la cama porque te encanta sufrir y ésa es una manera segura de torturarte. Sales porque lo que te espera fuera es mucho mejor que el calorcito de las mantas.

Y lo repites, una vez tras otra. Hasta el día que más te cuesta, superas ese momento y cumples con lo difícil.

¿Qué beneficios tiene esta actitud?

La disciplina deja un sabor más dulce que el más delicioso aperitivo y una satisfacción vital superior a la de quedarse dormitando cuando el deber te llama.

1. Consolidas hábitos.

Los primeros días puede costarte un mundo decir que no a un momento tentador. Pero, conforme vas repitiendo la misma acción, deja de ser tan duro.

Es más, llega un momento en el que haces lo que tienes que hacer de manera automática, sin pensar.

2. Consigues tus objetivos.

O, por lo menos, las probabilidades de alcanzarlos se multiplican cuando eres consistente con esas pequeñas decisiones cotidianas.

3. Se refleja en otras áreas.

Cuando ves los resultados positivos que obtienes siendo disciplinado con una cuestión, es muy probable que emplees ese mismo poderío con otros objetivos que tengas.

4. Refuerzas tu autoestima.

Cada vez que practicas la disciplina estás contento, satisfecho de haber puesto a un lado excusas para hacer eso que te ha costado tanto esfuerzo.

Piensa en la última vez que experimentaste esa sensación. En esa vez en la que triunfaste sobre las mundanas tentaciones y sacaste agallas para hacer lo más difícil. ¿Cómo te sentiste contigo mismo?

5. Te conviertes en fuente de inspiración.

Las personas con las que compartes la vida son testigos de esa actitud. Tú puedes ser el modelo que los contagie de entusiasmo para luchar por lo suyo.

Este último punto es secundario. Puede ser que ganes respeto o admiración del entorno. Y que te conviertas en una fuerza impulsora para quienes te rodean.

Sin embargo, pongamos que no ocurre nada de eso. Muchas veces verás que, a pesar del mérito que tienes haciendo gala de la poderosa disciplina, no tendrás ningún tipo de reconocimiento.

El de la gente, no. Pero el tuyo, sí. Ahí estás tú para reconocer lo que haces bien, alegrarte por ello y recompensarte. No te hace falta nada más.

Apúntate a la disciplina

Nadie nace con la disciplina de serie. Esa virtud heroica se desarrolla con la práctica. Y todo parte de un compromiso. El que haces contigo mismo.

A partir de hoy, haz eso que tanto te cuesta en el momento en el que has previsto hacerlo. Sin excusas. Si te cuesta, póntelo más fácil. Haz un poco. Da sólo un paso. Y mañana lo repites.

¿Será duro? Sí, pero por eso brinda tantas satisfacciones. Lo fácil lo hace todo el mundo.

Observa qué efecto tiene en tu vida que te pongas a hacer esas pequeñas cosas que más te cuestan, pero que son necesarias para construir lo que quieres.

Comprueba por ti mismo si el esfuerzo vale la pena. Yo creo que sí. Para mí, la disciplina es una palabra positiva, ligada a la superación personal y al logro de importantes metas.

Imagen de Ernst Vikne