Tómate una pausa sin remordimientos

Sabes que el descanso es necesario para tu salud y para que sigas rindiendo en tus actividades. Pero llega el fin de semana y aún tienes obligaciones colgando del cuello.

Hay tareas domésticas que concluir, llamadas pendientes u otros compromisos que te gustaría atender antes de darte permiso para descansar.

¿Qué ocurriría si decides aparcar la obligación por unas horas? ¿Serían trágicas las consecuencias? Si la respuesta es “No”, considera poner las obligaciones en pausa. Especialmente:

1. Cuando has cumplido con tus metas de la semana.

Las tareas más importantes las has completado. Has trabajado tus horas y, por tanto, mereces el descanso.

El descanso no es algo que ocurre cuando termina el trabajo. Porque el trabajo nunca acaba. 😀 Más bien, el descanso es un período de tiempo que tú reservas para repostar energías (que falta te harán para realizar la próxima gesta).

reparaciones

2. Cuando te estás perdiendo cosas importantes.

Está bien que “la obligación” ocupe buena parte del día y de la semana. Pero que se coma todo el tiempo no es razonable.

¿Dónde queda la convivencia con las personas que más te importan? Las relaciones también necesitan tiempo, no sólo las migajitas del día que puedes arañar entre tarea y tarea.

¿Y el tiempo para tus cosas? ¿Y el de disfrutar de pequeñas maravillas como una puesta de sol?

3. Cuando se acercan retos.

Tienes en perspectiva una actividad complicada que precisa organización: un examen, una mudanza, el nacimiento de tu hijo, etc. O alguna otra que, simplemente, requiera un despliegue extra de energía.

Ahora que puedes, descansa. Date unas horas sin pensar en todo ese lío. Así estarás más fuerte cuando llegue el momento.

4. Cuando estás exhausto o estresado.

Hay diferencia entre no cumplir con las tareas porque no quieres y no hacerlo porque estás física y mentalmente agotado.

Escucha a tu cuerpo y él te convencerá de que le des un respiro. Se lo merece, por la carga de presiones y responsabilidades que lleva encima.

Mímalo con un paseo, con un rato largo de lectura, con una siesta o con lo que más reanime al tuyo.

5. Cuando estás a punto de resfriarte.

El resfriado o alguna que otra molestia orgánica llaman a tu puerta y, en lugar de parar, decides trabajar con más ahínco antes de que los síntomas empeoren y estés hecho un trapo.

¿Y si te tomas un tiempo para restablecerte?

Piensa que el mundo no se hundirá porque tú hoy dejes los flecos pendientes y te dediques a esas actividades que tanto te apetecen… O a no hacer nada.

El lunes vuelves con energía. Mientras tanto, haz la obligación y las preocupaciones a un lado.

Imagen de John Carleton