¿Atraviesas un bache pesimista?

¡Horror! Tu entusiasmo se ha desvanecido y su lugar está siendo ocupado por pensamientos que vaticinan el fracaso, la desgracia, ¡la hecatombe! Comienza a sacudirte una espantosa borrasca de pesimismo. Y ahora, ¿qué?

Para empezar, quitémosle importancia a esa sacudida. El pesimismo también tiene su lado bueno: Te hace previsor y prudente. Aprovéchalo para prepararte a afrontar los peligros que surjan en adelante.

Pero no te pases imaginando peligros. Porque ahí es donde el pesimismo pierde su virtud: Si le das rienda suelta a tu imaginación, el miedo puede paralizarte.

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Eso le ocurre a muchas personas, aun sin ser conscientes de ello. Se enfrentan a una situación y, automáticamente, le dan mayor relevancia a todos los problemas y consecuencias negativas que de ella pueden derivarse.

Si alguna vez has pedido opinión o consejo a una persona muy pesimista, lo habrás observado. Intenta ayudarte con su punto de vista, prevenirte para que no caigas en las trampas. Y, sí, su intención es buena. Pero tú, que ya estabas debatiéndote entre las dudas, te sientes más asustado que al principio.

Los pensamientos sombríos ganan terreno alimentando tus preocupaciones por el futuro. Éstas te dan una falsa sensación de seguridad, tan falsa como la de estar haciendo algo al respecto por salir de la situación. Porque, en realidad, no te estás moviendo del sitio.

Te quejas, te lamentas, intentas mantenerte a salvo. Pero no avanzas. El que sí avanza rápidamente es el estrés.

Eso es lo malo de quedarse anclado en el pesimismo. Como bache ocasional sí es positivo, porque puedes prepararte para los obstáculos que te esperan.

Una vez que los tienes presentes e incluso consideras lo peor que puede pasar, es hora de hacer los pensamientos negativos a un lado para pensar en las primeras acciones a tomar para salir del bache y resolver la situación que sea.

La energía y la creatividad que gastas imaginando lo peor puedes emplearlas en buscar soluciones y en dar un primer paso para salir del atolladero. Que el bache sea pasajero o que se prolongue indefinidamente es decisión tuya.

Y, si resulta que la situación empeora y tus peores pesadillas se materializan, más preparado estarás para superar también esa prueba tan dura. Porque la verás como una situación temporal, un reto, una batalla más de la que saldrás airoso.

¿Cómo? Ésa es una buena pregunta para empezar a pensar en positivo en pleno bache.