Haz un progreso que puedas mantener

Un error que hemos cometido muchos es comenzar demasiado fuerte a la hora de realizar un cambio positivo.

Por ejemplo, una persona decide comenzar a hacer ejercicio regularmente. Se pone un mínimo: 20 minutos diarios. Los primeros días está fuerte y motivado, por lo que, en lugar de 20, hace 60 minutazos de ejercicio. Y el domingo está tan traqueteado y cansado, que no se mueve del sofá.

Imagina que tú mismo te propones trabajar o estudiar con más ahínco a partir del lunes. Ese día cumples con el mínimo y, como estás muy despejado, decides estrujarte el cerebro e ir mucho más allá. ¿Qué pasa? Que llega el viernes y apenas si tienes la batería justa para arrancar.

A mí me ha pasado muchas veces: en el trabajo, en el ejercicio y en cantidad de ocasiones más. Tanto he metido la pata, que he visto que pasarse tres pueblos del mínimo es tan perjudicial como no llegar.

pasos

Cuando partes con un nuevo hábito o, digamos, cambio favorable que deseas en tu vida, es recomendable que te pongas límites: uno mínimo (que lo cumplas), pero también uno máximo (y que no te pases de ahí, para que mañana puedas mantenerlo).

Es mucho más seguro y efectivo hacer el mínimo e ir subiendo poco a poco, conforme uno va estando cómodo, que darse el atracón los primeros días.

No importa si empiezas por un mínimo muy bajito: 10 minutos de ejercicio, 5 minutos aprendiendo inglés… o lo que sea. Aunque te veas con ánimo para echarle dos horas completas, no lo hagas de golpe, a lo burro.

Cumple hoy con el mínimo. Y mañana. Y pasado mañana. Si te saltas un día, no pasa nada. Al otro, sigues. Ésa es la manera de no cansarte, de no quemarte antes de tiempo.

Mantén el cambio y sube despacio. Las probabilidades de consolidar el hábito se multiplican y el progreso es más rápido. Compruébalo.