Cuando el entusiasmo decae

Probablemente conoces esa frase de Confucio que dice algo así como: “Elige un trabajo que te guste y no tendrás que trabajar ni un día de tu vida.”

¡Guau! Imagínate que te pagaran por hacer lo que más te gusta… No tendrías que preocuparte por la motivación. Te levantarías cada mañana deseoso de trabajar. Más que “trabajo”, lo tuyo podría llamarse “diversión remunerada”.

Suena ideal, ¿a que sí? Es una idea muy atractiva, pero poco realista.

Poniendo los pies en la tierra

Trasládalo del trabajo a cualquier otro asunto: los estudios, un hobby, una relación, etc. ¿De veras se puede mantener el mismo nivel de entusiasmo los 365 días del año?

huella

La realidad es que, por mucho que te entusiasme una cosa (llámese “trabajo” o demás), habrá momentos, días o incluso semanas en los que tu entusiasmo esté de capa caída.

Te lo cuento por si estás a punto de iniciar algo que te encanta. ¡Hazlo! Pero bájale dos rayitas a tus expectativas: Habrá momentos en los que estarás cansado, atascado, desmotivado o hasta harto de eso que tanto te gusta.

Cosa que es natural y hay que contar con ella. No te martirices pensando que te has equivocado en tu elección por esos momentos de desencanto.

Obsérvalo en tu experiencia anterior y en la de la gente que conoces. Por mi parte, te confirmo que hay momentos en los que me cuesta hacer lo que tantísimo me gusta. No todos los días despliega uno el mismo entusiasmo.

¿Y qué?

Yo disfruto del amanecer, pero a días me cuesta mucho levantarme. Disfruto escribiendo, aunque a ratos se me haga pesado… (Para qué te voy a dar más ejemplos, si tú lo habrás vivido en tus carnes.) El “trabajo” es así de duro.

Volviendo a volar

El caso es que, lo mismo que el entusiasmo decae, vuelve a repuntar. Cuando lo que haces te llena, vuelve la chispa.

En un instante recuerdas porqué te encanta lo que haces. La energía y el entusiasmo fluyen de nuevo. Vuelves a estar fuerte. Tanto, que se te olvidan los momentos de bajón y concuerdas del todo con la frase de Confucio.

Total, que aunque emprendas lo que siempre has soñado en esta vida, habrá días difíciles y tontos. No les temas. Porque los días buenos compensan con creces esos baches. 🙂