Ocasiones cotidianas que se prestan para meditar

Hay una serie de hábitos o actividades que quizás te supongan hacer malabares en tu agenda para encontrarles un hueco. O, llegado el momento de pasar a la acción, puedes sentir desgana para practicarlos.

Piensa en el ejercicio físico, en la lectura o en lo que tú quieras. Pero la meditación, por lo pronto, déjala fuera de la lista. Porque, si te interesa practicarla, encontrarás la ocasión ideal para hacerlo a lo largo del día.

Lo mismo no te ves sentado con las piernas cruzadas en una esterilla, entonando un mantra y con los dedos haciendo pinza. Pero quién ha dicho que ésa sea la única manera de hacer meditación…

niño meditando

Un momento tranquilo es todo lo que necesitas para meditar. Eso y tu voluntad de explorar en esa calma. Un momento como éstos, por ejemplo:

Al despertar

Justo antes de que empiecen a pulular los problemas y pendientes por tu cabeza, puedes tomarte unos instantes para meditar estando aún en la cama. La ocasión se presta a ello.

Podrías mantener los ojos cerrados y explorar tus primeras respiraciones del día en estado consciente. A cada inhalación de aire, tu cuerpo se revitaliza, va despertando. (Si crees que eso va a dormirte, echa un ojo a las opciones que siguen.)

En la ducha

Lo mismo. En lugar de ducharte recreando en tu mente conversaciones imaginarias y otras cuestiones, céntrate en el momento.

Observa las sensaciones de tu cuerpo recorrido por el agua. Observa sólo lo fresco, vivo y limpio que te vas sintiendo a cada instante.

Escuchando música

Te quedas a solas y te apetece ponerte tu música favorita. Bien. Ahí tienes otro momento perfecto para meditar. Deja que la música te llene y observa qué siente tu cuerpo, cómo conecta con esos sonidos.

Minutos después te reincorporarás a tus quehaceres. Pero ya verás que estarás más tranquilo y concentrado.

Bebiendo agua

¿Te tomas una pausa para beber un poco de agua o un té, quizás?

Aprovecha para sentir cómo se desliza el líquido por tu garganta. Bebe con calma, dando pequeños tragos y viviendo plenamente la experiencia, que es hidratante tanto para tu cuerpo como para tu mente.

En definitiva, a lo largo del día encuentras ocasiones para cortar con el barullo mental, conectar con tu cuerpo y recrearte en un espacio de calma. Eso es todo lo que precisas para comenzar a meditar (si no lo has hecho ya).

En una entrada anterior, hablé de otros momentos cotidianos para meditar (que son mis preferidos). Tú puedes elegir los que más vayan contigo o practicar la meditación de una manera más formal.

Como sea, no es tan complicado encontrarle un tiempo a la meditación. ¿O te lo sigue pareciendo?