Ideas para cuando amaneces cabreado

No nos gustan esos días en los que nos levantamos con el pie izquierdo. Días en los que amanecemos de mal humor.

Días en los que, al poco de salir de la cama, tomamos una decisión nada adecuada o, sin pensar, decimos cualquier cosa que hiere a la persona que está al lado. Días en los que no nos aguanta ni nuestra sombra (ni nosotros a ella).

¿Cómo los afrontamos?

Por bien que tratemos de hacer las cosas, es natural que haya días en los que no resplandece nuestro lado más brillante. No nos los tomemos a la tremenda, si te parece.

lúgubre

En esos días es necesario que recordemos lo siguiente.

1. Pisar el freno

Tan pronto como te des cuenta de que tu mal humor se ha puesto al mando, echa el freno, aunque en ese momento la emoción te esté empujando a decir o hacer barbaridades. Para ahí.

Respira, sal balcón a tomar el aire, da un paseo… Date unos minutos para despejarte y evitar que la cosa vaya a peor. (Que es el siguiente punto.)

2. Tratar de no empeorar el asunto

Muchas veces, decimos o hacemos tonterías llevados por la emoción del momento y, como seguimos sintiéndonos mal (o peor), hacemos la bola más gorda.

Ahí estás, en el balcón. Sabes lo que está ocurriendo. Has identificado las emociones que te han metido en el lío. Las has aceptado. Te has tomado unos minutos para escucharlas y dejar que se aplaquen. Lo que sigue es tomar la decisión de cortar con el drama.

Cuanto más pequeña es la metedura de pata, más fácil se repara la situación.

3. Pensar que mañana será diferente

Las emociones son cambiantes. Hoy te levantas enfurruñado o frustrado y mañana, cuando pasa la tormenta, ves la situación de otra manera. Por eso, es preferible dejar para más tarde esa conversación difícil o esa decisión importante que haya que tomar.

No se trata de retirarse, sino de elegir el momento propicio; uno en el que puedas pensar y actuar con más calma y claridad.

4. Evitar la auto-condena

Si cometes un error, acéptalo y responsabilízate de él. Pero no pierdas tanto tiempo y energía echándote tierra encima. Ni es el primero, ni será el último. Eres humano.

Utiliza esa energía para ver qué puedes hacer de ahora en adelante.

5. Rectificar

Haz lo posible por rectificar el error que haya surgido de ese arrebato de mal genio. Pide disculpas y/o trata de arreglar la situación.

Quizás sea difícil. Quizás no puedas reparar el daño, pero inténtalo. Quienes te quieren es muy probable que entiendan y perdonen. Otras veces te tocará a ti ser comprensivo con sus errores y sus salidas de tono.

Puede que mañana tu pareja o un amigo, habitualmente respetuosos y afables, se levanten con un humor de mil demonios y te suelten una fresca que no viene a cuento. ¿A que no es para tanto?

De vez en cuando, todos podemos meter la pata al dejarnos llevar por el mal humor. La cuestión es aprender de esos errores.

Por mi parte, sigo practicando. No es que hoy precisamente me haya levantado de malas, pero también tengo días de ésos. 😉