¿Cuidar de ti es una recompensa?

Las recompensas son muy motivadoras. Trabajas con más alegría cuando sabes que en un rato te vas a premiar con una buena película, por ejemplo.

Hablando de esas recompensas, ¿cuáles son tus preferidas? ¿Cómo te homenajeas tú cuando terminas una tarea o el trabajo del día?

Si no sueles tener contigo este tipo de gestos, tú verás. Quienes recurrimos a ellos lo hacemos porque nos sirven para ser más productivos o para hacer más llevadero el trabajo.

Además, un detallito es suficiente. Por ejemplo, prepararte tu infusión preferida a media tarde y disfrutarla en paz, después del tute de limpieza en la cocina.

descansar

Lo que ocurre es que no todo a lo que llamamos “recompensa” es en realidad una “recompensa”. No merece llamarse así el premio que está relacionado con el cuidado personal más básico.

Déjame decirte que yo meto la pata con esto continuamente. He abierto los ojos gracias a una reflexión sobre el tema que leí en Lifehacker.

Volviendo al ejemplo de arriba, la infusión que uno disfruta en paz, ¿es en realidad una recompensa? Elegir el sabor preferido, sí. Pero el ratito de calma, más que un premio, es una necesidad. Porque, si no recargas pilas, a ver cómo sigues más tarde…

Tampoco es una recompensa levantarte un par de minutos de la silla y hacer unos estiramientos. Ni lo es disfrutar de la comida cuando terminas de trabajar.

Estás forzándote, esforzándote, hambriento o con las piernas entumecidas, aguantando hasta el final, posponiendo la recompensa. Y el premio es… ¿comer, estirarte, ir al baño, relajarte unos minutos?

No, eso no es un premio. Es una parte esencial de la productividad.

¿Conclusión? Tómate ese pequeño descanso si lo necesitas, aunque no hayas terminado el trabajo. Porque cuidar de ti es lo que garantiza que puedas seguir rindiendo.

Y, si lo demoras un poco, llámalo como gustes… salvo “recompensa”. 😉