¿Te sientes culpable al dejar de practicar varios días seguidos?

Hablemos de un tipo de culpa muy concreto: La que sientes cuando dejas de lado tu objetivo por unos días.

Cuando determinaste tu objetivo, decidiste realizar una acción determinada con cierta frecuencia. Ejemplos: ir al gimnasio X veces por semana; estudiar de 6 a 8; leer 20 páginas al día… Lo que sea.

Los primeros días, bien. Le dedicas a esa acción el tiempo que has establecido. Estás muy contento y motivado.

Pero un día (por la razón que sea) dejas la práctica (llamémosla así). A ese día, le sigue otro… y puede que más. Y tú te sientes mal, no sólo por el progreso interrumpido, sino por haber roto el compromiso que hiciste contigo mismo.

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Con ese malestar es duro retomar la práctica. ¿Qué te parece si haces la culpa a un lado? Mejor todavía: ¿Qué tal si previenes que otra vez te quedes paralizado por lo mismo?

Replantea tu visión del horario

Los horarios son muy útiles, porque te sirven para organizar tu tiempo. Pero no son esquemas rígidos de los que no puedas salirte.

Es más, seguro que te vas a salir por constante que seas. Hay obstáculos, imprevistos, días flojos, días tontos… En definitiva, hay días en los que vas a fallar.

¡Y no pasa nada! Todos sufrimos parones de vez en cuando. A todos se nos desbaratan los planes. Cuenta con esos días, porque igual puedes conseguir tu objetivo.

Lo importante no es cumplir cada día a rajatabla, sino la regularidad: volver a la acción.

¿Llevas toda la semana sin coger un libro? ¿Has pasado un mes entero sin hacer ejercicio? Dales una patada al orgullo, a la culpa o a la sensación de fracaso. No pienses en eso y vuelve a la acción.

Evita recuperar el tiempo “perdido”

No te presiones por recuperar esos días en los que has fallado añadiendo más tiempo de práctica.

Si estás siguiendo un curso, por ejemplo, quizás no te quede de otra que esforzarte por ponerte al día con tus compañeros. Pero, si no hay necesidad, no añadas más horas. Porque así te estás haciendo más difícil lo que ya es difícil de por sí.

Retomas la práctica con la sensación de que vas retrasado y, hasta que recuperes “lo perdido”, vas a tener esa sensación durante varios días.

Vas a pensar más en las horas en las que se suponía que debías haber estado practicando… y no lo hiciste. Cosa que se nos hace a muchos un pelín masoquista. ¿A ti no?

En lugar de eso, vuelve a tu horario original. Es así y quizás se te haga pesado, al haber estado varios días sin cumplirlo. (Lo que nos lleva a la siguiente sugerencia.)

Valora los pequeños avances

¿Qué pasa cuando vuelves a la práctica y no aguantas la hora (o el par de horas) que se supone que has de estar practicando?

¿Qué pasa si un día cualquiera sólo sacas 20 minutos para practicar? ¿Lo dejas para mañana, porque ese tiempo es una insignificancia y a ti te gustaría dedicarle una hora completa?

¿Sabes? Buenos son esos minutos. Aprovéchalos, porque lo pequeño suma. Añadiendo cada día un poquito, verás el progreso al cabo de un tiempo.

No mires atrás

Mira hacia el día de hoy. El frenazo de los días anteriores ya pasó. Es el momento de concentrarte en lo que puedes hacer hoy y, porqué no, en preparar por dónde vas a seguir mañana.

Así te sacudes el estrés por los días de parón y comienzas a moverte hacia delante. Ya estás en marcha y progresando.

Algún día volverás a salirte de tu horario. Romperás con la rutina. Los planes volverán a fallar… Y no pasará nada, porque ya has visto que puedes retomar tu progreso si así lo decides.

No dejes que la culpa, la sensación de fracaso y todo ese barullo mental te paralice. ¡Vuelve a la acción!