¿Desconcentrado? Recupera el ritmo en un tris

Con el hábito de planear lo que vas a hacer cada día consigues organizarte mejor. Es más eficiente decidir qué vas a hacer hoy, que lanzarte a lo kamikaze sin pensar e ir improvisando sobre la marcha.

En eso estamos de acuerdo. Pero la vida está ahí para contradecir tus planes. Tienes el esquema del día en tu cabeza, cuando un imprevisto trastoca tu esquema y te rompe el ritmo.

Por eso es importante dejar pequeños huecos en la agenda y tratar de elaborar un horario que no suponga una carrera contra el tiempo.

Así, con un plan no tan rígido, te estresas menos, avanzas en lo importante (para ti) y vives mejor.

ritmo

Aunque lo que vamos a comentar ahora, independientemente de lo rígido o flexible que sea un plan, es un truquillo para retomar el ritmo tras haberlo perdido por uno de esos imprevistos, que no son tan “imprevistos”, en realidad.

No han sido pocas las veces en las que has estado concentrado en una tarea y ha sonado el teléfono, han llamado a la puerta, ha llegado alguien a hablar contigo o te has distraído por tu cuenta con cualquier otra cosa, ¿verdad?

Esto es muy frecuente. Según las investigaciones, basta una interrupción de 3 segundos para romperte el ritmo. Después, te lleva un rato retomarlo. Y, por tanto, tardas más de lo previsto en terminar lo que estabas haciendo.

Además, quizás te sientas frustrado o cansado por haberte quedado “atrás” y ese estado de ánimo no es de ayuda para impulsar tu productividad.

¿Qué puedes hacer? Re-motivarte con tus prioridades. Es una idea. Ya que estás distraído por la interrupción, date un par de minutos para pensar en la razón más importante por la que estás haciendo eso (lo que sea).

¿Qué razón? Tu bienestar, el de tu familia, una mejora laboral… Ese objetivo grande que te impulse a la acción. (Sólo tú puedes saber cuál es.)

Esto funciona no sólo cuando te has distraído. También ayuda cuando, por cualquier razón, has perdido fuelle y quieres remontar.

No vas a recuperar el tiempo perdido con la distracción. Pero sí servirá para sacudirte la frustración, consiguiendo que las horas que aún te quedan por delante sean más productivas.

En resumen: Cuando pierdas el ritmo, recuérdate tus prioridades. ¡Y sigue pa’lante!

No des tanta importancia a los imprevistos y a los planes que se van al traste. Eso es lo natural, la mecánica de la vida misma. Relájate y, luego, vuelve con la fuerza que te dan esas razones importantes por las que estás luchando.