¿Distingues las disculpas falsas de las honestas?

A lo largo de los años has recibido bastantes disculpas por parte de personas que, tras ofenderte, quisieron quedar en buenos términos contigo.

Entre esas disculpas, has tenido la ocasión de escuchar algunas que lo parecían, pero no lo eran.

A día de hoy, ¿sabes distinguir las disculpas sinceras de las falsas? Veamos en qué se diferencian.

abrazo

La disculpa verdadera

Supongamos que yo te ofendo y quiero disculparme contigo. Lo que me mueve es más mi arrepentimiento por lo que te hice que, simplemente, tener la fiesta en paz. ¿Cómo procedo?

Me pongo en tu lugar y lamento haberte hecho daño. Cuando te encuentro para hablar del tema, escucho cómo te sientes. Reconozco mi error ante ti y te pido perdón, con el propósito sincero de no volver a cometerlo. Y, desde luego, me esforzaré en que no se repita.

¿Qué “ingredientes” tiene esta disculpa?

  • Empatía: Soy receptiva a tu dolor. Puedo ponerme en tu lugar para saber que te sientes mal por lo que hice.
  • Respeto: Escucho cómo te sientes sin restarle importancia.
  • Responsabilidad: Acepto que cometí el error, sin excusas, sin “peros”.
  • Compromiso: Más allá del “lo siento”, procuraré no repetir el mismo error. O, si la situación tiene algún arreglo, me pondré manos a la obra.

La disculpa falsa

Se diferencia de la anterior en que falta alguno de esos ingredientes.

Puede ser que quien la ofrece no pueda o no quiera ponerse en el lugar del otro. Quizás, se niega a asumir la responsabilidad sobre lo que hizo. Puede que no tenga la intención de cambiar. O, tal vez, no ha aprendido la manera apropiada de pedir disculpas.

El caso es que, a veces, las disculpas falsas pasan por verdaderas por lo sutiles que pueden ser las diferencias.

Observa cómo se camuflan en una serie de expresiones que todos conocemos:

– Lo siento, PERO (bla, bla, bla…)

Ese “pero” anula al “lo siento”. En realidad, cuando te digo eso, estoy más preocupada por mantener mi ego intacto. Con el “pero” me sacudo la responsabilidad, porque hice lo que hice por una buena razón (según yo).

Lo apropiado sería algo como: Siento haber hecho… (lo que fuera).

Peor todavía es la que sigue.

– Lo siento. PERO, si tú no hubieras hecho (tal)…

Ahí es cuando lo arruino del todo, porque estoy volcando en ti toda la responsabilidad de mis actos.

Si se da el caso de que quiero puntualizar algo que tú hiciste, lo puedo expresar sin dejar caer que fuiste tú quien me orilló a comportarme mal contigo. Después de todo, yo podría haber elegido otra opción.

– Siento que estés ofendido.

Otro ejemplo. Una expresión así sugiere, más o menos, lo siguiente: Te ofendes porque te da la gana. Tú eres el que me molesta por sacar las cosas de quicio.

Total, que, encima de que te hago la trastada, te hago sentir mal porque tu reacción es inapropiada. (Olé mi sensibilidad.)

Distinto sería decir: Siento haberte ofendido. Eso es más oportuno. Admito que yo tuve algo que ver en lo mal que te sientes.

– Si no te gusta, lo siento.

Bueno, ésta sí suena falsa. En realidad, falsísima. Es una manera de decirte: Yo hago lo que me da la gana. Y, si no te gusta, te aguantas.

No sé tú. Yo en la que he caído más veces a la hora de disculparme ha sido en la del “pero”. Y también es la que más he escuchado.

En fin, teniendo claros los “ingredientes” de las disculpas reales y verdaderas nos costará menos identificar las falsas. Sigamos practicando. 🙂