Sobre los pequeños hábitos en las relaciones

Si has venido más de una vez por el blog, habrás visto que en muchas entradas sale la cantinela: “lo pequeño suma”, “lo pequeño se hace grande con el tiempo”…

Pero donde más lo has visto es en tu propia vida. Las pequeñas acciones repetidas producen resultados muy visibles con el tiempo. Eso ocurre también en las relaciones personales.

La gracia es que no somos plenamente conscientes de todas las pequeñas acciones que repetimos. Algunas de ellas son hábitos que ejecutamos una y otra vez por costumbre, sin plantearnos si nos benefician o nos perjudican.

Las pequeñas acciones que repetimos pueden ayudarnos a construir una relación fuerte, estable. Y también pueden ir erosionándola, poco a poco, día a día, hasta desmoronarla.

construir

Por ejemplo: Mi pareja entra en casa y yo estoy leyendo cómodamente en el sofá (o haciendo cómodamente cualquier otra cosa). Como cada tarde, levanto la vista de lo que estoy haciendo, emito un saludo “automático” y vuelvo a lo mío.

No lo hago a mal. Ni se me ocurre que una insignificancia como ésta pueda afectar a la relación. Me comporto así por costumbre, simplemente.

El caso es que, si reúno unas cuantas acciones así a lo largo del día y sigo adelante con ellas, poquito a poco, iré instalando en mi pareja la sensación de que lo mismo me da que esté, como que no esté. Es probable que, a fuerza de enviarle yo minúsculas (pero constantes) señales de desinterés, llegue a esa conclusión.

El asunto es identificar esas pequeñas acciones en nuestras interacciones cotidianas (con pareja, amigos, compañeros, etc.). Son costumbres que, quizás, aprendimos del entorno o por nuestra cuenta las adoptamos. Y ahora las ejecutamos en automático.

Estoy en mi oficina. Sonrío y repito una fórmula bien aprendida en mi relación con un cliente. Hago lo mismo con éste que con otros. Me sé de memoria lo que tengo que decirle y, aunque estoy mortalmente aburrida y desmotivada, conecto el piloto automático y sigo hablando.

Pero él no tiene el piloto encendido. Aunque no sepa qué me pasa exactamente, percibirá las disonancias. Y quizás se sienta incómodo por esa sonrisa falsa y otras señales que, sin saberlo yo, le estoy transmitiendo.

Es otro ejemplo. Muchas veces nos comportamos así, sin prestar atención, repitiendo lo que hemos dicho o hecho en otras ocasiones. Y, cuando termina la interacción, la otra persona la evalúa, extrae sus conclusiones o se queda con sensaciones que nosotros no sospechamos.

¿Qué señales envías con tus pequeños hábitos?

Aquí, cada cual tendrá que observar sus costumbres, poner atención a sus interacciones y fijarse en el receptor.

¿Qué señales envías con las que otro pueda sentirse incómodo, poco valorado, presionado, etc.? ¿Cómo puedes enviar señales para que el otro se sienta mejor? ¿Puedes cambiar alguna de tus costumbres para que “sume” puntos en tu relación?

Ten presente que lo bueno de esas pequeñas acciones que repites a diario es que, a la larga, producen un cambio positivo muy visible en tus relaciones. Y, por ende, en tu vida.