Cómo escapar del SÍ cuando quieres decir NO

¿Alguna vez has dicho que sí por impulso y te has arrepentido más tarde? Creo que a todos nos ha pasado. Aunque admitir esto no soluciona el problema.

Lo suyo es que aprendamos a no precipitarnos a decir “Sí”, porque sea la salida más fácil a un compromiso que nos cae de sopetón.

Veamos ideas para evitar ese “Sí” que decimos en automático.

1. Date tiempo

Si una petición te cae a bocajarro y no tienes claro si aceptar o no, evita responder enseguida.

parar

Recurre a lo clásico: “Ahora, no sé. Más tarde te digo.” Así tienes tiempo para pensarlo y preparar tu respuesta (afirmativa o negativa).

2. Recuerda tus experiencias pasadas

En caso de que quieras decir que no, recuérdate esas veces en las que dijiste que sí y te arrepentiste luego. Los errores están para eso: para aprender de ellos y para conocerte a ti mismo un poco mejor.

Vistos esos errores a distancia, ¿por qué crees que diste el SÍ? ¿Por costumbre? ¿Por quedar bien? ¿Por miedo a perderte algo? ¿Qué suele motivarte a decir que sí?

¿Valió la pena lo que ganaste? ¿Qué puedes ganar ahora si dices NO? ¿Cómo te sentirás mejor contigo mismo: diciendo SÍ o diciendo NO?

3. Recuerda tus prioridades

Para defender tu tiempo y tus prioridades, es necesario que establezcas unos límites y que enseñes a los demás a respetarlos.

Si no lo haces, lo que hagas con tu tiempo dependerá de las decisiones de otros y eso es muy frustrante, como quizás has comprobado.

Para que resulte más fácil decir que no, recuerda lo que más valoras. Decir que sí a una petición que no va en línea con lo que es importante para ti es decir NO a tus valores y prioridades.

Si yo te presiono para que me acompañes a un viaje y para ti es más importante pasar el fin de semana con tu familia, ¡dime que NO! (Cómo me lo tome es asunto mío.)

La persona con quien has de estar bien es contigo. No se puede dar gusto a todos.

Lo anterior es más fácil decirlo que hacerlo, pero para eso está la práctica. Y, en este caso, los primeros “NOs” son los más difíciles. Después, cuando te das cuenta de lo que ganas, se hace más sencillo.