¿Se puede meditar caminando?

A algunas personas nos cuesta más la meditación y ser constantes con su práctica. Claro que eso no nos impide que lo intentemos y, además, practiquemos otras actividades que nos puedan acercar al estado meditativo.

Una de esas actividades es tejer. Han descubierto que los movimientos repetitivos que se realizan al tejer acallan el ruido mental y promueven la relajación, lográndose beneficios similares a los que brinda la meditación. (Y además te queda la bufandita que te has hecho.)

Es fácil imaginar que los micromovimientos repetitivos le ayudan a uno a relajarse. ¿Qué hay de actividades donde el movimiento es mayor? Caminar, en concreto, ¿puede acercarnos a ese estado meditativo?

camino del cambio

¿Se puede meditar caminando?

Los practicantes de ciertos tipos de meditación nos dirían que caminar NO es meditar: Para que la mente se relaje, el cuerpo ha de estar quieto.

Como iniciada en esta práctica, para mí es más difícil meditar estando completamente quieta. Entro fácilmente en las sensaciones del momento y me relajo más con la ayuda de movimientos repetitivos, como lo de dar un paso tras otro.

Es más, la “meditación en movimiento” ayuda a que me sea más fácil meditar quieta, acto seguido. Si es que lo hago, porque, después de la caminata relajante, ya estoy tranquila, contenta y concentrada para trabajar.

El principal obstáculo que encuentras a la hora de meditar caminando son las distracciones. Por lo demás, los movimientos repetitivos y el innegable influjo relajante de la Naturaleza, facilitan que uno entre en ese estado meditativo.

¿Cómo practicar este ejercicio?

Voy a dejarte lo que a mí me funciona, por si quieres probarlo o por si se parece a lo que tú haces.

1. Dejar el teléfono en casa. Una distracción fácil de eliminar.

2. Ir sola. Voy acompañada hasta que llego al lugar donde voy a concentrarme en el ejercicio.

3. Apagar la música en ese momento.

4. Elegir un recorrido donde puedas meterte en la experiencia. El mío es un circuito muy familiar para mí; un parque que dispone de un área para caminar/correr.

No es un tramo donde haya pendientes u otros obstáculos que obliguen a hacer esfuerzo físico. Se parece a un gran jardín circular, luego tampoco tengo que decidir si me desvío hacia un lado o a otro. Sigo el trazado y ya.

No hay tráfico. A esa hora tampoco hay gente. Bueno, sí la hay, pero son pocos y, como me ven todos los días, saben que no los saludo hasta que pasa mi ratito de “meditación”. 😀

5. Dejar los pensamientos aparcados. Tomo la decisión consciente de no pensar en los problemas o en lo que voy a hacer el resto del día. Me imagino que aprieto el interruptor “OFF”.

6. Conectar con las sensaciones: Es el momento de sentir el cuerpo; de fijarse en la respiración y coordinarla con el movimiento.

Poco a poco, voy prestando atención a lo que dicen los sentidos. Especialmente en primavera, es maravilloso perderse en los aromas. O en los sonidos de los pájaros. O en el aire en contacto con la piel…

Vuelvo a la respiración. Entro en el cuerpo. Soy testigo de cómo responde a esos estímulos. Pero no “los razono”, no les pongo nombre. Sólo siento.

Ésa es la intención, al menos. Porque, después de unos minutos, los pensamientos vuelven a la carga. (Ya te digo que soy una iniciada en esta práctica.)

Después de esa experiencia, conecto la música y empiezo con el ejercicio más intenso. Ligando esas dos actividades, es natural que llegue a casa relajada y lista para empezar con las misiones del día. 😉

Independientemente de que practiques la meditación en forma o no lo hagas, ¿has probado con la caminata meditativa?

Imagen de jenny downing