Tienes la responsabilidad. Tienes el poder.

Habrás conocido a personas que, cuando las cosas no salen a su gusto, lo último que hacen es asumir su responsabilidad. Fue culpa de otro, cuestión de mala suerte… o a saber. Es como si el mundo estuviera conspirando en su contra.

Pero no hace falta irse a los extremos. La mayoría pasamos por momentos así. Momentos en los que es más fácil echar balones fuera, que hacerse cargo de la situación.

Por poner un ejemplo tonto, yo podría justificar mi mañana poco productiva diciendo que no trabajé mucho porque la vecina puso la música muy alta y me distrajo; porque me pican las piernas por la alergia primaveral o por otras causas.

Cierto. Eso pasó. Pero yo también tuve mi parte de responsabilidad en la historia. Pude haber manejado la situación de otra manera. Y, si me lo recuerdo, no es para machacarme por mis errores, sino para hacer uso de mi poder. Así es: Si tienes la responsabilidad, tienes el poder.

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¿Por qué alguien querría renunciar a su poder?

Cuando no te haces responsable de un asunto, puede que evites la culpa. Otros cargan con ella o se queda en manos de la suerte.

Quizás pienses que así preservas tu autoestima o la confianza en ti mismo. Y lo que consigues es lo contrario. Te haces más débil, porque “ellos” se quedan con el poder: El poder de cambiar lo que puedes cambiar.

¿Cómo se puede cambiar aquello sobre lo que no se tiene control? Está claro. Yo no puedo evitar que la vecina ponga la música a todo volumen, ni la alergia primaveral. No tengo control sobre eso. Y tampoco lo tengo en cantidad de asuntos que me afectan.

Aunque, en este caso, sí pude haber echado mano de otras opciones. Por ejemplo, trabajar con auriculares o ir a la farmacia a comprar Talquistina para los picores.

Esquivando la responsabilidad también me niego el poder de cambiar la situación. Es muy flojo el ejemplo de la mañana improductiva, pero me ayuda a recordar “mi poder” en otras cuestiones.

Antes de precipitarme achacando la responsabilidad a otros, me conviene pensar si, en una situación cualquiera, hay una parte que sí es responsabilidad mía, porque eso me da la oportunidad de cambiarla.

Asumir la responsabilidad es colocarse en una posición de poder. El poder de actuar allá donde es posible. ¿Vas a renunciar a él?

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Comments

  1. Una gozada ser responsable… querer vivir en verdad genera paz y paz. Gracias por seguir ahí. Un abrazo