Entrena tu concentración haciendo una cosa cada vez

Todos tenemos la experiencia de hacer dos o más cosas a la vez. Algunas de ellas son más o menos compatibles, como caminar mascando un chicle o seguir un programa de televisión mientras hacemos unas flexiones.

Otras son un desgaste innecesario, como hablar por teléfono mientras ordenamos unos papeles. O casi una temeridad, como mandar mensajes con el móvil mientras caminamos por la vía pública.

Hacer varias cosas a la vez tiene buena reputación. Aunque, en realidad, las cosas no se hacen “a la vez”.

Alternamos la atención rápidamente entre una y otra, lo cual supone un buen gasto de energía, que será mayor dependiendo de la complejidad de las tareas que estemos ejecutando.

Estudios recientes apuntan a que esta costumbre de alternar la atención entre tareas puede causar daños más serios que los despistes tontos en los que incurrimos cuando tenemos dos cosas entre manos.

varias cosas a la vez

Para mí, uno de los mayores perjuicios que causa este hábito es que reduce nuestra capacidad para concentrarnos. Cada vez nos cuesta más meternos en una tarea y olvidarnos del resto, con lo necesario que es esto en algunas ocasiones.

Nos habituamos tanto a las distracciones que se nos hace aburrido redactar un e-mail, por ejemplo, sin escuchar una música bonita de fondo o mirar la notificación que está parpadeando en la pantalla.

Más eficiente es redactar el e-mail prescindiendo de las distracciones, concediéndole el 100 % de la atención. Así, terminamos antes, reducimos la probabilidad de equivocarnos, ahorramos energía y, de paso, entrenamos esa capacidad para concentrarnos.

El hábito de hacer una cosa cada vez

Hay bastantes ejercicios que podemos practicar para enfocar nuestra atención en un punto y mantenerla ahí. No puede ser casualidad que la meditación vaya ganando fans en una sociedad cada vez más estresada y dispersa.

Aunque el día a día ya nos brinda variadas ocasiones para entrenar la concentración sin que las busquemos.

Lo fundamental es empezar con la costumbre de hacer una cosa cada vez. Esto es, centrarnos por completo en lo que tenemos delante. Si algo vale la pena hacerlo, qué menos que prestarle atención.

Claro, no es fácil. Surgen distracciones hasta de debajo de las piedras. Y el principal “enemigo” a veces es uno mismo, que está tan habituado (o enganchado) a los estímulos, que se resiste a lo aburrido de hacer una cosa simple sin distracciones que lo amenicen.

Si estás acostumbrado a trabajar mientras tarareas canciones, por ejemplo, tu mente protestará cuando quites la música. Será incómodo. Surgirá la tentación de llenar “el vacío” con algo más.

Es natural. Muchos nos hemos vuelto adictos al bombardeo continuo de estímulos. Pero para eso está la práctica: Corta con la distracción, apaga la musiquilla e intenta concentrarte de nuevo en la tarea.

Cuando te acostumbres a intentar concentrarte en lo que estás haciendo, sea lo que sea, ganarás en eficiencia, frescura, calma y satisfacción con lo que haces.

¿Te apuntas a practicar más esta costumbre? Probemos. No es tan difícil. 😉

Imagen de Victor1558